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Centro de Rehabilitación para Enfermos de Alcoholismo, Drogadicción y Problemas Emocionales "San Rafael" con Grupo de A.A. y E.P.A.V. (escuela para aprender a vivir) Bulevar de Las Primaveras #265, Fracc. Prados Verdes, C.P. 58110 Morelia Michoacán, México.


Para mayor información y despejar todas sus dudas, cominiquese con nosotros en orarios de oficina a los siguientes teléfonos: 01 (443) 326-20-55 y 232-51-19

Informe

CENTRO DE REHABILITACIÓN "SAN RAFAEL" Es una institución de servicio social, NO LUCRATIVO, creada con la responsabilidad de coadyuvar con las autoridades encargadas de cuidar la salud de nuestra sociedad; y dar atención al grave problema social que mutila y discapacita a cientos de de miles de personas de todas las edades y ambos sexos y es la causa de graves problemas en el entorno social y es considerada como la causa número uno de la DESINTEGRACIÓN FAMILIAR: LAS ADICCIONES EN GENERAL. Para cumplir con el objetivo o FIN SUPREMO aprovechamos los TRES LEGADOS del programa de ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS Y ADICTOS ANÓNIMOS cuyos principios de sanación y superación son de origen ESPIRITUAL.

lunes, 18 de agosto de 2014

El mito de la perfección (Continuación) 4.-EN NUESTROS ASUNTOS FINANCIEROS. El mito de la perfección nos llevara a deshacernos, con prudencia, de ese anhelo de “hacer millones”. Nos enseñará a estar satisfechos  con lo suficiente, en vez de estar siempre deseando ganar más y más  y como enfermos emocionales lo que pasa es que, en realidad, ganamos menos y menos. ¿No sabía?
También sugerirá que proveamos con prudencia para contingencias futuras  ya que, como no somos perfectos, llegará el día en que necesitemos esa ayuda. Pero no acumular riqueza. Haciendo lo que esté de nuestra parte, Dios proveerá lo demás. La fé   y la confianza en Dios, llena todo el vacio dejado por la imperfección de nuestra naturaleza. Dios perfeccionará, proveerá y santificará, nosotros solo haremos la rutina, proveyendo lo que podamos.
5.-  EN NUESTRA VIDA EMOCIONAL. Con la práctica del principio del mito de la perfección, llegamos a darnos cuenta de que nuestras emociones no estarán nunca plenamente bajo control de la razón y de la voluntad, y que siempre –por el resto de nuestras vidas- nos estarán haciendo jugarretas. Este conocimiento nos debe capacitar para ignorar todos esos “sentimientos raros” que son tan reales, pero al mismo tiempo tan evasivos.
Cuántos llegan quejándose: “He estado tratando durante tanto tiempo –por años- de controlarme, y todavía me enojo, todavía me pongo nervioso”
Bueno ¿Qué esperaban? ¿El control perfecto? ¿La perfección? Estamos convencidos de que la mayoría de la gente conserva la vana esperanza de lograr “ el equilibrio perfecto”. Sin embargo, la verdad es que nunca lo lograremos (El Mito de la perfección). En el caso del neurótico es la lucha persistente de alcanzar esa sensación de tranquilidad Esa “euforia” permanente que solía llegar por pequeños momentos. Ese es el motivo por el cual muchos ahora están tomando barbitúricos por toneladas en este país. Queremos sentirnos siempre bien.Y en el caso del enfermo emocional, el aumento en la ingestión de barbitúricos es muy probable, y con ello la ADICCIÓN. ¿Una enfermedad más? Así es.
En diversas ocasiones fui paciente de sanatorios. En uno de estos lugares, el psiquiatra a quien fui asignado, hacia uso de una práctica que en aquel tiempo sólo me irritaba, pero en años recientes la he recordado una y otra vez, y creo que contiene mucha sabiduría en relación con los “sentimientos raros”.
 Cada mañana tenía que presentarme en su oficina, y cada mañana lo primero que este buen médico me preguntaba era: “Bueno, ¿cómo va usted hoy?” Invariablemente le contestaba: “Me siento divinamente bien”. Y entonces siempre me decía, aunque entonces tenía la cabeza muy dura para comprenderlo: “No le pregunté cómo se sentía, le pregunté cómo iba”. Píenselo ¿Cómo va?
Hay doctores que dicen, y citamos a uno de ellos, que : “si los sedantes no se toman nunca en cantidad suficiente para producir euforia, por leve que sea, no habrá nunca adicción” Bueno, sea lo que fuera quien padece disturbios en sus emociones  siempre vivirá  frustraciones, inconformidad, atrapado por la soledad para eliminar el malestar, tendrá que recurrir a cualquier estimulante  que cambie esas emociones  dañinas y le haga sentir bien, equilibrado y eufórico.
El Mito de la perfección nos diría: habrá días en que nos sentiremos de maravilla y habrá días en que nos sentiremos de la patada –y habrá días en que estemos prontos a enojarnos, y días en que nada nos perturbe y habrá días  en que nos sintamos malos y días en que estemos en disposición de hacerle algún favor hasta el peor de nuestros enemigos – pero es que la vida y las emociones son así: muy desequilibradas e imperfectas – aún en el mejor de los hombres… Continuara

miércoles, 13 de agosto de 2014

El mito de la perfección (Continuación)

2.- EN NUESTRA VIDA SOCIAL. Al estar conscientes del mito de la perfección, nos asociamos con nuestros amigos y conocidos, sabiendo que ni ellos ni  nosotros  somos perfectos. Somos débiles también lo son ellos; tenemos problemas, también ellos los tienen; tenemos faltas, también las tienen ellos; estamos haciendo todo lo que podemos  con las luces que nos han sido dadas y, también ellos lo están haciendo.
Con esta actitud, no imputaremos tan rápida y frecuentemente motivos maliciosos a los demás. Y sorprendentemente, encontraremos que la mayoría de la gente no es maliciosa –aún cuando obra mal-,  sino que esto surge, en gran parte, de la ignorancia, de los extravíos y de la falta de reflexión y debilidad humana, que es inherente a todos nosotros, sin la ayuda de la Gracia Divina. Puede conducir a lo que sea, pero que, con la ayuda de la Gracia Divina, puede lograr todo. Si es la voluntad de Dios que logremos en ese momento.
La actitud resultante de la convicción del Mito de la Perfección, también nos enseñará lo que nos gusta llamar la “Independencia” de los seres humanos. Entonces estaremos dispuestos a ayudar a los demás –sin importarnos quiénes sean-. Y también obtendremos la convicción de que la gente nos necesita y nosotros necesitamos a la gente; todos nos necesitamos los unos a los otros. De esta verdad crece la base para la “hermandad del hombre”.

3 EN NUESTROS ASUNTOS DE NEGOCIOS. No somos los más  grandes hombres de negocios del mundo. Esto nos llevará a buscar consejo en aquellos renglones en los que no seamos expertos en nuestro negocio. Tendremos la mente abierta en los negocios lo que significa buscar caminos y medios desconocidos por nosotros  para mejorar, en vez de proceder con la orgullosa convicción de que conocemos todas las repespuestas en nuestra especialidad. Una actitud como la segunda, es la que lleva a la existencia de los miles  de “elefantes blancos” en todo  el país. Y observe la cantidad de escuelas defectuosamente construidas, y las iglesias, y los auditorios –todo ello como resultado de  que cualquier persona no especializada, pensó que era el mejor arquitecto y constructor. El suscrito era en un tiempo pastor de una iglesia de un pueblo muy pequeño. Teníamos dos calderas; una en la rectoría y la otra en la iglesia. Pensando que podríamos ahorrar en carbón, le preguntamos a los depositarios si podríamos tener una caldera para ambos lugares. “No padre, lo intentamos una vez. Teníamos una caldera en la iglesia pero nunca logró dar calor a la rectoría”
Todavía dudoso, y tal vez también aguijoneado o por un poco de flojera, buscamos a un experto en cuestiones de calentadores. El sugirió que se hiciera un examen de propiedad. Se mando a hacer uno, y al efectuarlo, encontraron que la caldera en la iglesia nunca calentaría la casa, pero una caldera en la rectoría calentaría con toda efectividad la iglesia ¿Por qué? Había un aumento de 30 grados en el piso de la iglesia. (En esos tiempos no teníamos ni bombas ni ventiladores)… ¡El mito de la perfección!
(Continuara)


domingo, 3 de agosto de 2014

El mito de la perfección continuación
Pero aprendimos que éramos enfermos emocionales, que estábamos lejos, muy lejos de ser perfectos, y que, probablemente nunca lo seríamos, pero que podríamos  empezar a crecer hacia la perfección empezando desde abajo… y admitiendo que éramos  impotentes –punto. Entonces, y sólo entonces, desde el “sótano de la humildad”, podríamos esperar crecer, a través de líneas  espirituales, si nos proyectamos constantemente a la perfección, si sinceramente y con consistencia tratábamos, y además, “esperando la gracia de Dios”. Aprendimos a no preguntarnos, a nosotros mismos”. “¿cómo vamos progresando? sino solamente, “¿cuánto estamos tratando?”, día con día, apliquemos ahora este principio del Mito de la perfección en todos nuestros asuntos:

1° EN NUESTRA VIDA EN EL HOGAR. Nadie de nuestra familia es perfecto, INCLUYENDO A NOSOTROS MISMOS. Esto nos llevará a no trastornarnos, ni perturbarnos o irritarnos por las faltas de la esposa o (esposo). Nuestros hijos no serán los mejores del mundo, y estarán lejos de ser perfectos. Cuantos dolores de cabeza evitarían las madres y los padres si esperaran que sus hijos podrían fallar. Entonces no se escucharía el frecuente lamento: “¡Pensar que mi hijo hizo tal cosa!, ¿Y por qué no? ¿Es nuestro hijo mejor que otro? ¿Realmente lo es? Desde luego que no, si es descendiente de Adán. Sus hijos, lo hijos de ellos, nuestro hijos, todos los hijos están expuestos a hacer cualquier cosa. Y esto hace resaltar la necesidad de rezar, porque Dios los proteja de cualquier daño.
Y el hecho de que nuestros hijos sea un costilla  un Pavón, o un Aldama no lo hace mejor  que cualquier otro hijo en todo el mundo, Qué cruel es colocar en cualquier niño la carga de: “Recuerda siempre, muchacho, que tú eres un Costilla” Asi es que es un Costilla, y si se emborracha, ¿y qué? El pobre estaba tan ocupado recordando que era un “Costilla” que no tuvo tiempo de contar los tragos.
Dejemos que nuestros hijos sepan que somos humanos –ellos son humanos. Entonces tendrán confianza en nosotros. ¿Quién quiere confiar en una persona que se ha colocado a si mismo en un pedestal?
LA perfección es un ideal- hacia el que hay que crecer- y nosotros no somos ese ideal para nuestros hijos no somos su modelo de virtud. Por eso Dios nos dio a los santos y a Si mismo para que tratáramos de imitarlos. Así  es que quitémonos de ese lugar.

¿Saben algo? ¡Sus hijos los querrían más así!

domingo, 27 de julio de 2014

El mito de la perfección
Admitamos nuestras imperfecciones para que podamos empezar  a crecer hacia la perfección”. San Agustín

El siguiente principio de A.A., es uno que siempre ha sido el preferido del escritor. Esto tal vez se deba a que lo fraguamos tal como aquí expresa; quizás sea porque el mismo escritor, al no reconocer este principio durante sus primeros años en A.A., consideraba, tanto en él mismo como en los demás, como anormal lo que era normal, y lo indujo a ser un perfeccionista de primer orden: o tal vez sea nuestro sincero deseo de compartir nuestros descubrimientos logrados a través de los muchos perfeccionistas que hemos conocido en el camino. Sea cual fuera la razón, creemos que la ausencia de este principio en nuestras actitudes, es responsable de algunos de los trastornos más serios en la naturaleza humana. Este principio es: “EL MITO DE LA PERFECCIÓN”
En el lenguaje sencillo, el MITO DE LA PERFECCIÓN significa: “No hay nadie perfecto en este mundo” no señor, no lo hay; y al pensar que lo hay, es uno de los mayores causantes de dificultades entre nosotros, pobres seres humanos, y también es responsable  de todo el perfeccionismo que existe, especialmente  en los enfermos del alma.
 Durante todas nuestras vidas esperamos la perfección, y cuando una y otra vez encontramos en su lugar la imperfección, faltas, fallas y algunas de ellas realmente serias, nos “desilusionan”, lo que en realidad sólo era una forma sustituta  de la autocompasión. Es por eso que nos alejamos de la realidad y seguimos buscando el fuego fatuo, el espejismo, la no existente perfección en nosotros y los demás. ¿Nuestro motivo? aunque, en muchos casos subconsciente, un orgullo patológico que seguía exigiendo lo mejor para nosotros y para los nuestros, y que también fue una barrera para que admitiéramos que éramos neuróticos. “¿Nosotros neuróticos?”… ¡Imposible! ¡Eso no nos puede suceder a nosotros! Lo que se traduce en: “¡Somos perfectos!”. ¡Curiosamente, si nos sucedió, y no somos perfectos!
¿Recuerdan cómo solíamos esperar la perfección? Primero pensamos que nuestros padres eran perfectos. Luego encontramos que no lo eran.
Frustración numero 1. Luego conocimos a una muchacha (o a un muchacho) de nuestros sueños. Y pensamos: he aquí la perfección. Y luego nos casamos con ella (o él). Frustración numero 2. (Hay tantos que piensan que su amada o amado es tan perfecto, tan maravilloso, que podrían comérselo. Luego se casan ¡y no desearían haberlo hecho!) Luego llegan nuestros hijos. ¡Y sin duda eran perfectos! “¿No es el niños mas perfecto que ha existido?” Y luego un día el policía trajo a nuestro hijo perfecto a la casa por encontrarse en dificultades, ¿Nuestro hijo? ¡Nunca! ¡Pero si es nuestro hijo! Y tuvimos otra frustración. Y luego estábamos nosotros mismos. Nos aferramos al espejismo  hasta el último momento, éramos perfectos, y si no lo creían, todo lo que tenían que hacer era preguntárnoslo.
Y luego se presento el orgullo y la soberbia para gritar a los 4 vientos “soy el mejor tipazo”, o… “Soy la mujer perfectiénes sea o qué posición tenga en la vida. Nadie, y queremos decir, NADIE ES PERFECTO. ¿Desea algunas pruebas de las Escrituras? Si alguien entre ustedes dice que no tiene pecados, es un mentiroso y la verdad no está en él. Esta es sólo una forma más larga de decir: no hay nadie perfecto.
El motivo que está detrás del perfeccionismo que hemos mencionado es el orgullo. Dios dice “sed perfectos”, pero El no dice: Ahora mismo. Quiere decir hay que caminar hacia la perfección, “Crecemos a través de líneas espirituales “ “Somos imperfectos, pero Dios nos perfeccionará a su tiempo y a su modo. Admitamos nuestra imperfección para que podamos crecer hacia la perfección”
Este mismo motivo de orgullo y de pensamiento perfeccionista es el responsable de que muchos rehúsen a aceptar el problema de las adicciones. Por ejemplo:
“¿Un alcohólico en nuestra familia? ¡Ridículo!”
“¿Mi hijo drogadicto? ¡Imposible!”
“¿Un medico indolente? ¿Un sacerdote neurótico? Vamos, “¡Eso no puede ser!”.
“¿Yo soy un adicto al sufrimiento? Hombre, ¡Eso es absurdo!”
Y más. Y más, y más de “¡Esto no me puede suceder a Mi”
Hace algunos años nos comunicamos con la madre de un amigo de A.A. Cuando fuimos a verla, de inmediato dijo “¡NUNCA, ha habido debilidad alguna en mi familia!”
Otra madre le dijo al suscrito cuando, con otro A.A., fuimos a ver a su muy intoxicado hijo para prestarle ayuda: “Mi pobre Carlitos, ¡él nunca ha hecho nada malo en toda su vida!”. Y cuando se le insinuó que tal vez esa actitud de ella podría ser responsable de que el “pobre” Carlitos estuviera borracho, se enojó mucho. ¿Por qué sería?a, la más bella en este planeta”
¿La verdad? Nadie es perfecto. No le hace qu

domingo, 20 de julio de 2014

Querido hermano:
Perdona que distraiga tu atención y que te suplique una limosna de CINCO MINUTOS, pero en los últimos años he aprendido que la mejor manera de mantener y acrecentar mi sobriedad es compartiéndola con otros, y es ese motivo que me impulsa a formar estas líneas.
Durante veinte años yo estuve aliado a la botella
En un principio posiblemente  como bebedor social usando el trago de vez en cuando, cuando la ocasión lo ameritaba. Más tarde, como bebedor fuerte, con más frecuencia y más intensidad, abusando  de mi indiscutible capacidad asimilativa.
No tenía problemas con el alcohol. Pero… un día, no sé cuándo ni porque, crucé esa línea invisible que separa al “bebedor normal”  (social o fuerte), del “bebedor problema” o “Alcohólico”. Y, aunque  yo me negaba a  reconocerlo, empezaron a surgir problemas, en lo económico, en lo físico, en lo moral, en mi capacidad para trabajar, en mis relaciones de familia, en mi convivir con la sociedad, en mis responsabilidades, en mis valores espirituales. Pero yo, torpemente, con ese ego inflado que caracteriza a los alcohólicos como yo y que les hace  vivir en un mundo  de egocentrismo, seguí creyendo que era el bebedor social, elegante y genial.
Todo el mundo se daba cuenta de lo “cuesta abajo” que yo iba, toda el mundo… menos yo. Yo no me daba cuenta de que estaba bebiendo COMPULSIVAMENTE. Una obsesión  mental y una compulsión física me empujaban a seguir bebiendo. Yo que durante una prolongada época de mi vida de borracho no concebía beber solo, ya estaba bebiendo solo, sin más compañía que una compulsión superior a mis fuerzas… Yo, que no concebía beber por la mañana, ya estaba bebiendo al despuntar el alba.
Pero yo seguía creyéndome el bebedor social y simpático, pregonando que el día que yo tuviese problemas con la botella pondría en juego mi fuerza de voluntad.. ¡y al diablo con la copa!
Y llegó ese momento. Fue una madrugada, como a las cuatro, en mi hogar. Me sorprendí en el comedor, tembloroso y con los nervios destrozados, buscando una botella para tomar un trago… ¡Un trago que me exigía el cuerpo! ¡Me lo serví… y me tomé! Inmediatamente surgió algo que yo llame “casualidad”, pero que hoy llamo DIOS. Fue un  momento de lucidez, como un rayo de claridad mental, que me permitió  reconocer  que aquello no era normal. Que no era normal que un hombre  como yo, que desde chico ha sido un defensor incansable de libertad, se viera esclavo de una botella de ron. Reconocí que “algo malo”  había  en mi relación con la botella, y decidí poner en juego mi “fuerza de voluntad”, en la cual creía  yo como cree el tahúr en el as de espadas escondido en la manga del saco, y el cual, en hábil escamoteo, surge para salvar la situación; como cree el entrenador de un equipo de futbol en su “jugador estrella”, que aguarda en la banca su indicación para entrar a la cancha y buscar el triunfo.
Salí temprano, en la mañana con la banderita y el himno de mi “fuerza de voluntad”, cantándome el estribillo de “¿Una botella dominarme a mí?… ¿A mi…? ¡Bag! Para eso está mi gran fuerza de voluntad. ¡Se acabó!... ¡No bebo más en mi vida!”
Había caminado cuatro cuadras, cuando vi una de las cantinas que yo solía frecuentar, pero no renuncié a mi firme resolución de NO BEBER MÁS; sencillamente, hice una pequeña enmienda en esa resolución y me dije: “Me voy a  tomar una… para los nervios… y ya está…”.
¡Y me la tomé!
Solamente Dios y yo sabemos lo que sufrí en los ocho meses que siguieron  a ese trago “pa´los nervios”. Al verme impotente para luchar contra el alcohol, perdi toda fuente de fe, de ambición, de esperanza… y seguí bebiendo porque ya no podía parar, considerándome el mas infeliz, el más vicioso y el más degenerado de los hombres: con temor a todo y a nada, y utilizando esa forma lenta de suicidio a la que recurren quienes no tienen el valor de cortarse las venas o pegarse un tiro.
Y llegué a la antesala del manicomio… ¡Al delirium tremens!
¡Todo había fallado!… La medicina, la religión, los sufrimientos de mi madre, las lágrimas de mi esposa, las miradas tan significativas de mis hijos, los consejos de mis amigos, las advertencias de mis jefes y mi tan traída y llevada fuerza de voluntad...
¡Estaba derrotado¡… Fulminantemente derrotado… e impotente en la derrota.
Conocí a unos hombres y mujeres  que suman su fe, su esperanza, su  fortaleza y sus experiencias para mantenerse alejados de la copa… Nada me cobraron. Nada me pidieron. Nada me dijeron de MI CASO. Ellos hablaron de ellos, de lo que ellos habían sufrido en su alcoholismo activo, de lo que ellos habían pasado, de las experiencias de ellos… Y de cómo  cada quien había llegado a su fondo… Y tal parece que cada cual tiene su fondo…(el de algunos más macabro que el mío el de otros no tan doloroso como el fondo al cual llegué… pero su fondo).
Al contarme los episodios de sus  vidas, veía yo, en las de ellos, los episodios de la mía. Porque ellos también supieron del dormir a medias, del vómito amarillo y verde de la bilis, del nerviosismo cruel, del temor, de la ansiedad, de las amnesias… del dolor… de la perdida de las naturales ambiciones… ¡De la derrota¡ Por primera vez en mi vida supe que yo no estaba solo. ¡Que éramos muchos lo que íbamos en la misma lancha¡.
Y, aunque escéptico y pesimista en exceso, fui a las primeras reuniones. No me cobraron nada. No tenía cuotas. Ni los que dirigían las reuniones cobraban honorarios, era simples servidores del grupo, puestos ahí periódicamente  por el grupo mismo. No tenían registros de miembros, ni pasaban lista. No exigían cantar himnos, ni arrodillarse, ni firmar juramentos, ni hacer promesas. TODO ERA SUGERIDO.
Aprendí muchas cosas. Dios me ayudó  a tener la mente receptiva. Aprendí que el alcoholismo es una enfermedad, que el alcohólico es un enfermo. Que alcohólico es todo aquel que se crea problemas en cualquier aspecto de su vida cuando entra en contacto con el alcohol. Que la enfermedad del alcoholismo es psicosomática. Afecta el cuerpo, la mente… y el alma.
Aprendí cual es la diferencia entre el bebedor social y el bebedor problemas (o alcoholico). Y como tenía que ser  honrado conmigo mismo, para mi propia salvación, reconocí que yo era un bebedor problema (o alcoholico).
Aprendí cuál es la diferencia entre abstinencia y SOBRIEDAD. Yo tuve periodos de abstinencia. Dejar de beber por un tiempo más o menos largo, traicionando nuestros íntimos deseos  de beber. Comprendí lo torturantes que son esos periodos. Es dejar de beber  con una botella bailándole a  uno un danzón en la cabeza. Supe que, por el contrario, la SOBRIEDAD, en el peculiar idioma de A.A., es ese inefable estado de claridad mental, estabilidad emocional y goce íntimo, en que se está SIN BEBER. ¡Y se es feliz estándolo!
Aprendí que la enfermedad del alcoholismo es progresiva, traje a mi memoria recuerdos de mi pasado y me fue fácil comprenderlo. En mi actividad alcohólica hice cosas que, tiempo atrás, yo juzgaba inconcebibles. Aprendí que la enfermedad del alcoholismo es insidiosa. Recordé mi vida pasada y lo comprendí en  seguida. Cuántas veces me dije: “No voy a beber”, y cuando me vine a dar cuenta-tal es la insidia con que trabaja esta enfermedad- ya tenía el trago en los labios, contra mis planes trazados, contra mi decisión hecha, contra mis mejores intenciones, contra mi fuerza de voluntad.
Aprendí que la enfermedad del alcoholismo es incurable. Nunca un alcohólico como yo podrá volver a ser un bebedor social. Pero aprendí también que la enfermedad se puede mantener arrestada, y ser uno normalmente feliz, mientras se mantenga uno alejado de la primera copa. por que ratifique ahí lo que ya yo sospechaba- una es demasiado… ¡-Y MIL NO BASTA!
Aprendí que el pasado es un cheque  cancelado y no debe ser, como era, motivo de tortura y preocupación en el presente. Aprendí que por más poder que yo tuviera, no podría retroceder mi pasado para arreglarlo a mi modo de hoy.(Y. efectivamente, hoy para mí el pasado es un  cheque cancelado que llevo en mi cartera y que de vez en cuanto, lo miro en forma positiva, para mi salvación).
Aprendí que el futuro no debe preocuparme demasiado, puesto que yo no sé  si voy  a amanecer vivo mañana. En resumidas cuentas… Aprendí que yo no puedo secar mi ropa con el sol de ayer, porque ése ya se fue, y que no puedo secarla con el sol de mañana, porque ése no ha salido todavía.
Aprendí que, poniendo todo mi empeño, mi fortaleza, mi fe y mi esperanza en las VEINTICUATRO HORAS DE HOY… ¡HOY ESTARÉ  SOBRIO! : Ese plan sencillo de las veinticuatro horas fue para mí de ayuda vital.
Me entusiasmó ver que A.A. no es una liga de temperancia, ni una religión ni una entidad reformista. En A.A. Todo el mundo habla bien del ron, que es el lubrícate social por excelencia para quienes pueden tomarlo sin crearse problemas: como el azúcar que es buena a pasto pero no para aquellos que padecen diabetes. Comprendí la importancia (la necesidad) de asistir a las reuniones. Esa terapia grupal funciona. Para mí es como la estación de gasolina en la encrucijada del camino, en la cual lleno mi tanque de sobriedad; es el laboratorio de ensayo en la más franca y simpática camaradería, en el cual, a tono con un sencillo programa sugerido de Doce Pasos, voy tratando mejorar mi personalidad y mi vida, bregando con migo mismo y tratando de progresar en los renglones de la humanidad,  la comprensión, la tolerancia y el amor de los unos a los otros, porque A.A. no es solamente dejar de beber, es mucho, más. Es una nueva forma de vida. Es un empeño constante de acercamiento a un Poder Superior, tal como cada quien lo concibe.
Te agradezco infinitamente el tiempo que me regalaste este día.


domingo, 13 de julio de 2014

El aburrimiento

Tu vida está llena de repeticiones. Cada mañana te levantas prácticamente igual a como llevas haciéndolo toda la vida. Desayunas casi de la misma manera. Después, vas a la oficina; la misma oficina, la misma gente, el mismo trabajo.  Después vuelves a casa; la misma mujer, el mismo marido, la misma pareja. Es normal que te aburras. Te resulta muy difícil ver aquí alguna novedad; todo parece viejo, polvoriento.
Una vez escuche la siguiente anécdota:
Un día mientras estaba en su casa, la amante de un banquero oyó el timbre. Abrió la puerta, pero al darse cuenta de que quien llamaba era la mujer del banquero, intentó cerrar rápidamente.
La mujer se apoyó en la puerta y dijo:
-Déjame pasar: No tengo intención  de organizar ninguna escena, solo quiero que hablemos tranquilamente
La amante, muy nerviosa, la dejó pasar y le preguntó con recelo:
-¿Que quieres?
Ella contestó:
-Nada importante. Solo quería que me respondieras a una pregunta. Entre nosotras, ¿Qué le ves a ese estúpido
   
El mismo marido, al cabo de tantos días, se convierte en un estúpido; ver a la misma mujer, todos los días, hace que prácticamente olvide su aspecto. Si te dicen que cierres los ojos y que recuerdes el rostro de tu mujer, te resultará imposible recordarlo. Te vendrán muchas otras mujeres a la mente, todo el barrio, pero no tu mujer. La relación se ha convertido en una repetición continua. Haces el amor, abrazas a tu mujer, la besas, pero ahora todos estos gestos son vacíos. Hace mucho que desapareció el esplendor y el brillo.
El matrimonio se acaba prácticamente al mismo tiempo que termina la luna de miel; después finges. Pero detrás de esa falsedad, se acumula un profundo aburrimiento. Ves a la gente andando por la calle y ves que están completa mente aburridos. Todo el mundo está aburrido, como una ostra. Contempla su rostro: no tienen una aura de dicha, Contempla sus ojos: están apagados, sin ningún destello de felicidad interior.   Van de la oficina a casa,  de casa a la oficina  y, poco a poco, su vida  se convierte en una rutina mecánica, en una constante repetición. Y llega un día en el que mueren. La mayoría de la gente muere sin haber estado viva.
Se dice que Bertrand Russell confesó: “Si vuelvo la vista atrás, solo puedo  encontrar unos cuantos momentos en mi vida en los que estuve realmente vivo, ardiendo”. ¿Puedes recordar cuántos momentos de tu vida han sido realmente ardientes? Es algo que ocurre muy pocas veces. Soñamos con esos momentos, imaginamos  esos momentos, esperamos esos momentos, pero  casi nunca ocurren. Incluso aunque ocurran, tarde o temprano también se volverán repetitivos. Cuando  te enamoras de una mujer o un hombre te perece como si hubiera ocurrido un milagro, pero  poco a poco  el milagro desaparece y todo se convierte en una rutina.
El aburrimiento es la consciencia de la repetición. Los animales no pueden aburrirse porque no pueden recordar el pasado. No pueden recordarlo, así que no pueden sentir la repetición. El búfalo sigue comiendo la misma hierba todos los días con la misma alegría. Tú no puedes. ¿Cómo podrías comer la misma hierba todos los días con la misma alegría? Acabas hartándote.
De ahí que la gente intente cambiar. Cambian de casa, compran un coche nuevo, se divorcian del antiguo marido, tienen una aventura. Pero de nuevo, tarde o temprano, ese elemento nuevo se volverá repetitivo. Cambiar de lugar, cambiar de pareja, cambiar de casa, no servirá de nada.
  Cuando una sociedad se vuelve muy aburrida, la gente empieza a cambiar de una ciudad a otra, de un trabajo a otro, de una mujer a otra, pero tarde o temprano se dan cuenta de que es una tontería. Sucederá lo mismo con todas las mujeres, con todos los hombres, con todas las casas, con todos los coches.
Entonces ¿Qué se puede hacer? Ser más consiente. No se trata de cambiar de situación. Transforma, tu ser, sé más consciente. Si te vuelves mas consiente serás más capaz de ver que cada momento es nuevo. Pero para eso, hace falta mucho energía de consciencia.             


domingo, 6 de julio de 2014



Las costumbres tardan en cambiar

En la india hubo un gran místico, Eknath. En una ocasión, iba a emprender  una peregrinación  sagrada con todos sus discípulos. Era un viaje  que duraría tres a seis meses.
  Un hombre se le acercó, se postró a sus pies, y le dijo:
-Sé que no soy digno. Tú también lo sabes, todo el mundo lo sabe. Pero sé que tu compasión es mayor que mi indignidad.Por favor, acéptame a mí también como miembro del grupo que va a hacer la peregrinación.
 Eknath le respondió:
 Tu eres un ladrón, y no un ladrón común un maestro ladrón. Nunca te han cogido, aunque todo el mundo sabe que eres un ladrón. Sin duda, deseo admitirte, pero también tengo que pensar  en las otras cincuenta personas  que van conmigo: Tendrás que prometerme una cosa; es lo único que te pido: que durante los tres o seis meses que dure la peregrinación no robarás. Después dependerá de ti. Una vez que regreses a tu casa, quedaras libre de la promesa.
-Estoy totalmente dispuesto a prometerte eso, y te estoy inmensamente agradecido por tu compasión- aceptó el hombre.
Las otras cincuenta personas recelaban. Confiar en un ladrón…, pero no podían decirle nada a Eknath, él era el maestro.
La peregrinación comenzó  y desde la primera noche ya empezaron los problemas. A la mañana  siguiente hubo un gran caos: a uno le faltaba el abrigo, a otro le faltaba la camisa, a otro le había desaparecido el dinero. Todo  el mundo gritaba; ¨Donde está mi dinero?¨ y le recriminaban a Eknath ¨Desde el principio nos preocupó mucho que aceptaras a este hombre. Lleva haciendo lo mismo toda la vida¨-
 Sin embargo, empezaron a buscar y descubrieron que no les habían robado nada. A uno le faltaba el dinero, pero lo encontró en la bolsa  de otrapersona. A otro le faltaba el abrigo, pero  lo halló  en el equipaje  de otra persona. Lo encontraron todo, pero era una molestia; ¡ todas las mañanas ocurría lo mismo¡ Nadie  podía entender  qué  pasaba. No había  duda de que no lo hacia el ladrón, porque no desaparecía nada.
La tercera noche, Eknath se quedó despierto para averiguar qué pasaba. En mitad de la noche, el ladrón – víctima de la costumbre- se levantó y empezó a coger las cosas de un sitio y ponerlas en otro.
Eknath le paró y le pregunto.
-¿Que estás haciendo? ¿Has olvido la promesa que hiciste?
-No, no la he olvidado – respondió el ladrón -. No estoy robando nada, pero no he prometido que no fuera a cambiar las cosas de un sitio a otro. Dentro de seis meses volveré hacer ladrón, así que estoy practicando. Tú tienes que entenderlo, es una costumbre de toda la vida, no puedo abandonarla así como así. Dame un poco de tiempo. También tienes que entenderme a mí. Durante tres días no he robado nada, ¡Es como ayunar! Esto no es más que un sustitutivo,  me estoy distrayendo. Este es mi horario de trabajo, a mitad de la noche, así que me resulta muy difícil quedarme despierto tumbado en la cama. Además,  pensar que hay tantos ingenuos durmiendo a mi alrededor y yo sin robar a nadie…Por la mañana encontrarán sus cosas.
-Eres muy raro- le dijo Eknath-. Estas viendo que todas las mañanas hay una gran confusión,  y que desperdiciamos una o dos horas buscando dónde has puesto las cosa, en qué bolsa aparece lo de otra persona. Todo el mundo tiene que abrir la suya y preguntar a los demás:
¨¿De quién es esto?¨
El ladrón le contestó:
-Bueno, al menos tienes que permitirme eso.
Veintisiete años de personalidad falsa impuesta por las personas a las que has amado, a las que has respetado. Pero no pretendían intencionadamente hacerte daño; sus intenciones eran buenas, solo que lo hacían sin ninguna conciencia. No eran personas consientes: tus padres, tus maestros, tus sacerdotes, tus políticos no eran personas consientes, eran inconscientes. Sin embargo, hasta las buenas intenciones en manos de una persona inconsciente se vuelven venenosas.  osho