mensaje de bienvenida
Centro de Rehabilitación para Enfermos de Alcoholismo, Drogadicción y Problemas Emocionales "San Rafael" con Grupo de A.A. y E.P.A.V. (escuela para aprender a vivir) Bulevar de Las Primaveras #265, Fracc. Prados Verdes, C.P. 58110 Morelia Michoacán, México.
Para mayor información y despejar todas sus dudas, cominiquese con nosotros en orarios de oficina a los siguientes teléfonos: 01 (443) 326-20-55 y 232-51-19
Páginas
Informe
CENTRO DE REHABILITACIÓN "SAN RAFAEL" Es una institución de servicio social, NO LUCRATIVO, creada con la responsabilidad de coadyuvar con las autoridades encargadas de cuidar la salud de nuestra sociedad; y dar atención al grave problema social que mutila y discapacita a cientos de de miles de personas de todas las edades y ambos sexos y es la causa de graves problemas en el entorno social y es considerada como la causa número uno de la DESINTEGRACIÓN FAMILIAR: LAS ADICCIONES EN GENERAL. Para cumplir con el objetivo o FIN SUPREMO aprovechamos los TRES LEGADOS del programa de ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS Y ADICTOS ANÓNIMOS cuyos principios de sanación y superación son de origen ESPIRITUAL.
miércoles, 13 de agosto de 2014
El mito de la perfección (Continuación)
2.-
EN NUESTRA VIDA SOCIAL. Al estar conscientes del mito de la perfección, nos asociamos con
nuestros amigos y conocidos, sabiendo que ni ellos ni nosotros
somos perfectos. Somos débiles también lo son ellos; tenemos problemas,
también ellos los tienen; tenemos faltas, también las tienen ellos; estamos
haciendo todo lo que podemos con las
luces que nos han sido dadas y, también ellos lo están haciendo.
Con esta actitud, no imputaremos tan rápida y
frecuentemente motivos maliciosos a los demás. Y sorprendentemente,
encontraremos que la mayoría de la gente no es maliciosa –aún cuando obra mal-,
sino que esto surge, en gran parte, de
la ignorancia, de los extravíos y de la falta de reflexión y debilidad humana,
que es inherente a todos nosotros, sin la ayuda de la Gracia Divina. Puede
conducir a lo que sea, pero que, con la ayuda de la Gracia Divina, puede lograr
todo. Si es la voluntad de Dios que logremos en ese momento.
La actitud resultante de la convicción del Mito de
la Perfección, también nos enseñará lo que nos gusta llamar la “Independencia”
de los seres humanos. Entonces estaremos dispuestos a ayudar a los demás –sin
importarnos quiénes sean-. Y también obtendremos la convicción de que la gente
nos necesita y nosotros necesitamos a la gente; todos nos necesitamos los unos a
los otros. De esta verdad crece la base para la “hermandad del hombre”.
3 EN NUESTROS ASUNTOS DE NEGOCIOS. No somos los
más grandes hombres de negocios del
mundo. Esto nos llevará a buscar consejo en aquellos renglones en los que no
seamos expertos en nuestro negocio. Tendremos la mente abierta en los negocios
lo que significa buscar caminos y medios desconocidos por nosotros para mejorar, en vez de proceder con la
orgullosa convicción de que conocemos todas las repespuestas en nuestra
especialidad. Una actitud como la segunda, es la que lleva a la existencia
de los miles de “elefantes blancos” en todo el país. Y observe la cantidad de escuelas
defectuosamente construidas, y las iglesias, y los auditorios –todo ello como
resultado de que cualquier persona no
especializada, pensó que era el mejor arquitecto y constructor. El suscrito era
en un tiempo pastor de una iglesia de un pueblo muy pequeño. Teníamos dos
calderas; una en la rectoría y la otra en la iglesia. Pensando que podríamos
ahorrar en carbón, le preguntamos a los depositarios si podríamos tener una
caldera para ambos lugares. “No padre, lo intentamos una vez. Teníamos una
caldera en la iglesia pero nunca logró dar calor a la rectoría”
Todavía dudoso, y tal vez también aguijoneado o por
un poco de flojera, buscamos a un experto en cuestiones de calentadores. El
sugirió que se hiciera un examen de propiedad. Se mando a hacer uno, y al
efectuarlo, encontraron que la caldera en la iglesia nunca calentaría la casa,
pero una caldera en la rectoría calentaría con toda efectividad la iglesia ¿Por
qué? Había un aumento de 30 grados en el piso de la iglesia. (En esos tiempos
no teníamos ni bombas ni ventiladores)… ¡El mito de la perfección!
(Continuara)
domingo, 3 de agosto de 2014
El mito de la perfección continuación
Pero aprendimos que éramos enfermos
emocionales, que estábamos lejos, muy lejos de ser perfectos, y que, probablemente
nunca lo seríamos, pero que podríamos
empezar a crecer hacia la perfección empezando desde abajo… y admitiendo
que éramos impotentes –punto. Entonces,
y sólo entonces, desde el “sótano de la humildad”, podríamos esperar crecer, a
través de líneas espirituales, si nos
proyectamos constantemente a la perfección, si sinceramente y con consistencia
tratábamos, y además, “esperando la gracia de Dios”. Aprendimos a no
preguntarnos, a nosotros mismos”. “¿cómo vamos progresando? sino solamente,
“¿cuánto estamos tratando?”, día con día, apliquemos ahora este principio del Mito
de la perfección en todos nuestros asuntos:
1° EN NUESTRA VIDA EN EL HOGAR. Nadie de
nuestra familia es perfecto, INCLUYENDO A NOSOTROS MISMOS. Esto nos llevará a
no trastornarnos, ni perturbarnos o irritarnos por las faltas de la esposa o
(esposo). Nuestros hijos no serán los mejores del mundo, y estarán lejos de ser
perfectos. Cuantos dolores de cabeza evitarían las madres y los padres si
esperaran que sus hijos podrían fallar. Entonces no se escucharía el frecuente
lamento: “¡Pensar que mi hijo hizo tal cosa!, ¿Y por qué no? ¿Es nuestro hijo
mejor que otro? ¿Realmente lo es? Desde luego que no, si es descendiente de Adán.
Sus hijos, lo hijos de ellos, nuestro hijos, todos los hijos están expuestos
a hacer cualquier cosa. Y esto hace resaltar la necesidad de rezar, porque Dios
los proteja de cualquier daño.
Y el hecho de que nuestros hijos sea un costilla un Pavón, o un Aldama no lo hace mejor que cualquier otro hijo en todo el mundo, Qué
cruel es colocar en cualquier niño la carga de: “Recuerda siempre, muchacho,
que tú eres un Costilla” Asi es que es un Costilla, y si se emborracha, ¿y qué?
El pobre estaba tan ocupado recordando que era un “Costilla” que no tuvo tiempo
de contar los tragos.
Dejemos que nuestros hijos sepan que somos humanos
–ellos son humanos. Entonces tendrán confianza en nosotros. ¿Quién quiere
confiar en una persona que se ha colocado a si mismo en un pedestal?
LA perfección es un ideal- hacia el que hay que
crecer- y nosotros no somos ese ideal para nuestros hijos no somos su modelo de
virtud. Por eso Dios nos dio a los santos y a Si mismo para que tratáramos de
imitarlos. Así es que quitémonos de ese
lugar.
¿Saben algo? ¡Sus hijos los querrían más así!
domingo, 27 de julio de 2014
El mito de la perfección
“Admitamos
nuestras imperfecciones para que podamos empezar a crecer hacia la perfección”. San Agustín
El
siguiente principio de A.A., es uno que siempre ha sido el preferido del
escritor. Esto tal vez se deba a que lo fraguamos tal como aquí expresa; quizás
sea porque el mismo escritor, al no reconocer este principio durante sus
primeros años en A.A., consideraba, tanto en él mismo como en los demás, como
anormal lo que era normal, y lo indujo a ser un perfeccionista de primer orden:
o tal vez sea nuestro sincero deseo de compartir nuestros descubrimientos
logrados a través de los muchos perfeccionistas que hemos conocido en el
camino. Sea cual fuera la razón, creemos que la ausencia de este principio en
nuestras actitudes, es responsable de algunos de los trastornos más serios en
la naturaleza humana. Este principio es: “EL MITO DE LA PERFECCIÓN”
En el
lenguaje sencillo, el MITO DE LA PERFECCIÓN significa: “No hay nadie perfecto
en este mundo” no señor, no lo hay; y al pensar que lo hay, es uno de los mayores
causantes de dificultades entre nosotros, pobres seres humanos, y también es
responsable de todo el perfeccionismo
que existe, especialmente en
los enfermos del alma.
Durante todas nuestras vidas esperamos la
perfección, y cuando una y otra vez encontramos en su lugar la imperfección, faltas,
fallas y algunas de ellas realmente serias, nos “desilusionan”, lo que en
realidad sólo era una forma sustituta de
la autocompasión. Es por eso que nos alejamos de la realidad y seguimos
buscando el fuego fatuo, el espejismo, la no existente perfección en nosotros y
los demás. ¿Nuestro motivo? aunque, en muchos casos subconsciente, un orgullo
patológico que seguía exigiendo lo mejor para nosotros y para los nuestros, y
que también fue una barrera para que admitiéramos que éramos neuróticos.
“¿Nosotros neuróticos?”… ¡Imposible! ¡Eso no nos puede suceder a nosotros! Lo
que se traduce en: “¡Somos perfectos!”. ¡Curiosamente, si nos sucedió, y no
somos perfectos!
¿Recuerdan cómo solíamos esperar
la perfección? Primero pensamos que nuestros padres eran perfectos. Luego
encontramos que no lo eran.
Frustración
numero 1. Luego conocimos a una muchacha (o a un muchacho) de nuestros sueños.
Y pensamos: he aquí la perfección. Y luego nos casamos con ella (o él).
Frustración numero 2. (Hay tantos que piensan que su amada o amado es tan
perfecto, tan maravilloso, que podrían comérselo. Luego se casan ¡y no
desearían haberlo hecho!) Luego llegan nuestros hijos. ¡Y sin duda eran
perfectos! “¿No es el niños mas perfecto que ha existido?” Y luego un día
el policía trajo a nuestro hijo perfecto a la casa por encontrarse en
dificultades, ¿Nuestro hijo? ¡Nunca! ¡Pero si es nuestro hijo! Y tuvimos otra
frustración. Y luego estábamos nosotros mismos. Nos aferramos al espejismo hasta el último momento, éramos perfectos, y
si no lo creían, todo lo que tenían que hacer era preguntárnoslo.
Y luego se presento el orgullo y
la soberbia para gritar a los 4 vientos “soy el mejor tipazo”, o… “Soy la mujer
perfectiénes sea o qué posición tenga en la vida. Nadie, y queremos decir, NADIE ES PERFECTO. ¿Desea algunas pruebas de las Escrituras? Si alguien entre ustedes dice que no tiene pecados, es un mentiroso y la verdad no está en él. Esta es sólo una forma más larga de decir: no hay nadie perfecto.
El motivo que está detrás del perfeccionismo que hemos mencionado es el orgullo. Dios dice “sed perfectos”, pero El no dice: Ahora mismo. Quiere decir hay que caminar hacia la perfección, “Crecemos a través de líneas espirituales “ “Somos imperfectos, pero Dios nos perfeccionará a su tiempo y a su modo. Admitamos nuestra imperfección para que podamos crecer hacia la perfección”
Este mismo motivo de orgullo y de pensamiento perfeccionista es el responsable de que muchos rehúsen a aceptar el problema de las adicciones. Por ejemplo:
“¿Un alcohólico en nuestra familia? ¡Ridículo!”
“¿Mi hijo drogadicto? ¡Imposible!”
“¿Un medico indolente? ¿Un sacerdote neurótico? Vamos, “¡Eso no puede ser!”.
“¿Yo soy un adicto al sufrimiento? Hombre, ¡Eso es absurdo!”
Y más. Y más, y más de “¡Esto no me puede suceder a Mi”
Hace algunos años nos comunicamos con la madre de un amigo de A.A. Cuando fuimos a verla, de inmediato dijo “¡NUNCA, ha habido debilidad alguna en mi familia!”
Otra madre le dijo al suscrito cuando, con otro A.A., fuimos a ver a su muy intoxicado hijo para prestarle ayuda: “Mi pobre Carlitos, ¡él nunca ha hecho nada malo en toda su vida!”. Y cuando se le insinuó que tal vez esa actitud de ella podría ser responsable de que el “pobre” Carlitos estuviera borracho, se enojó mucho. ¿Por qué sería?a, la más bella en este planeta”
¿La
verdad? Nadie es perfecto. No le hace qu
domingo, 20 de julio de 2014
Querido hermano:
Perdona que distraiga tu atención y que te
suplique una limosna de CINCO MINUTOS, pero en los últimos años he aprendido
que la mejor manera de mantener y acrecentar mi sobriedad es compartiéndola con
otros, y es ese motivo que me impulsa a formar estas líneas.
Durante
veinte años yo estuve aliado a la botella
En un principio posiblemente como bebedor social usando el trago de vez en
cuando, cuando la ocasión lo ameritaba. Más tarde, como bebedor fuerte, con más
frecuencia y más intensidad, abusando de
mi indiscutible capacidad asimilativa.
No tenía problemas con el alcohol. Pero… un día,
no sé cuándo ni porque, crucé esa línea invisible que separa al “bebedor normal” (social o fuerte), del “bebedor problema” o “Alcohólico”.
Y, aunque yo me negaba a reconocerlo, empezaron a surgir problemas, en
lo económico, en lo físico, en lo moral, en mi capacidad para trabajar, en mis
relaciones de familia, en mi convivir con la sociedad, en mis
responsabilidades, en mis valores espirituales. Pero yo, torpemente, con ese
ego inflado que caracteriza a los alcohólicos como yo y que les hace vivir en un mundo de egocentrismo, seguí creyendo que era el
bebedor social, elegante y genial.
Todo
el mundo se daba cuenta de lo “cuesta abajo” que yo iba, toda el mundo… menos
yo. Yo no me daba cuenta de
que estaba bebiendo COMPULSIVAMENTE. Una obsesión mental y una compulsión física me empujaban a
seguir bebiendo. Yo que durante una prolongada época de mi vida de borracho no
concebía beber solo, ya estaba bebiendo
solo, sin más compañía que una compulsión superior a mis fuerzas… Yo, que
no concebía beber por la mañana, ya estaba bebiendo al despuntar el alba.
Pero yo seguía creyéndome el bebedor social
y simpático, pregonando que el día que yo tuviese problemas con la botella pondría en juego mi fuerza de voluntad.. ¡y
al diablo con la copa!
Y llegó ese momento. Fue una madrugada, como
a las cuatro, en mi hogar. Me sorprendí en el comedor, tembloroso y con los
nervios destrozados, buscando una botella para tomar un trago… ¡Un trago que me
exigía el cuerpo! ¡Me lo serví… y me tomé! Inmediatamente surgió algo que yo
llame “casualidad”, pero que hoy llamo DIOS. Fue un momento de lucidez, como un rayo de claridad
mental, que me permitió reconocer que aquello no era normal. Que no era normal
que un hombre como yo, que desde chico
ha sido un defensor incansable de
libertad, se viera esclavo de una botella de ron. Reconocí que “algo
malo” había en mi relación con la botella, y decidí poner
en juego mi “fuerza de voluntad”, en
la cual creía yo como cree el tahúr en
el as de espadas escondido en la manga del saco, y el cual, en hábil escamoteo,
surge para salvar la situación; como cree el entrenador de un equipo de futbol
en su “jugador estrella”, que aguarda en la banca su indicación para entrar a
la cancha y buscar el triunfo.
Salí temprano, en la mañana con la banderita
y el himno de mi “fuerza de voluntad”, cantándome el estribillo de “¿Una
botella dominarme a mí?… ¿A mi…? ¡Bag! Para eso está mi gran fuerza de
voluntad. ¡Se acabó!... ¡No bebo más en mi vida!”
Había caminado cuatro cuadras, cuando vi una
de las cantinas que yo solía frecuentar, pero no renuncié a mi firme resolución
de NO BEBER MÁS; sencillamente, hice una pequeña enmienda en esa resolución y
me dije: “Me voy a tomar una… para los
nervios… y ya está…”.
¡Y
me la tomé!
Solamente Dios y yo sabemos lo que sufrí en
los ocho meses que siguieron a ese trago
“pa´los nervios”. Al verme impotente para luchar contra el alcohol, perdi toda
fuente de fe, de ambición, de esperanza… y seguí bebiendo porque ya no podía
parar, considerándome el mas infeliz, el más vicioso y el más degenerado de los
hombres: con temor a todo y a nada, y
utilizando esa forma lenta de suicidio a la que recurren quienes no tienen el
valor de cortarse las venas o pegarse un tiro.
Y
llegué a la antesala del manicomio… ¡Al delirium tremens!
¡Todo
había fallado!… La
medicina, la religión, los sufrimientos de mi madre, las lágrimas de mi esposa,
las miradas tan significativas de mis hijos, los consejos de mis amigos, las
advertencias de mis jefes y mi tan traída y llevada fuerza de voluntad...
¡Estaba derrotado¡… Fulminantemente
derrotado… e impotente en la derrota.
Conocí a unos hombres y mujeres que suman su fe, su esperanza, su fortaleza y sus experiencias para mantenerse
alejados de la copa… Nada me cobraron. Nada me pidieron. Nada me dijeron de MI
CASO. Ellos hablaron de ellos, de lo que ellos habían sufrido en su alcoholismo
activo, de lo que ellos habían pasado, de las experiencias de ellos… Y de
cómo cada quien había llegado a su
fondo… Y tal parece que cada cual tiene su fondo…(el de algunos más macabro que
el mío el de otros no tan doloroso como el fondo al cual llegué… pero su
fondo).
Al contarme los episodios de sus vidas, veía yo, en las de ellos, los episodios
de la mía. Porque ellos también supieron
del dormir a medias, del vómito amarillo y verde de la bilis, del nerviosismo
cruel, del temor, de la ansiedad, de las amnesias… del dolor… de la perdida de
las naturales ambiciones… ¡De la derrota¡ Por primera vez en mi vida supe
que yo no estaba solo. ¡Que éramos muchos lo que íbamos en la misma lancha¡.
Y, aunque escéptico y pesimista en exceso,
fui a las primeras reuniones. No me cobraron nada. No tenía cuotas. Ni los que
dirigían las reuniones cobraban honorarios, era simples servidores del grupo,
puestos ahí periódicamente por el grupo
mismo. No tenían registros de miembros, ni pasaban lista. No exigían cantar
himnos, ni arrodillarse, ni firmar juramentos, ni hacer promesas. TODO ERA
SUGERIDO.
Aprendí muchas cosas. Dios me ayudó a tener la mente receptiva. Aprendí que el alcoholismo es una
enfermedad, que el alcohólico es un enfermo. Que alcohólico es todo aquel
que se crea problemas en cualquier aspecto de su vida cuando entra en contacto
con el alcohol. Que la enfermedad del
alcoholismo es psicosomática. Afecta el cuerpo, la mente… y el alma.
Aprendí cual es la diferencia entre el
bebedor social y el bebedor problemas (o alcoholico). Y como tenía que ser honrado conmigo mismo, para mi propia
salvación, reconocí que yo era un bebedor problema (o alcoholico).
Aprendí cuál es la diferencia entre
abstinencia y SOBRIEDAD. Yo tuve periodos de abstinencia. Dejar de beber por un
tiempo más o menos largo, traicionando nuestros íntimos deseos de beber. Comprendí lo torturantes que son esos periodos. Es dejar de beber con una botella bailándole a uno un danzón en la cabeza. Supe que, por
el contrario, la SOBRIEDAD, en el peculiar idioma de A.A., es ese inefable
estado de claridad mental, estabilidad emocional y goce íntimo, en que se está SIN
BEBER. ¡Y se es feliz estándolo!
Aprendí
que la enfermedad del alcoholismo es progresiva, traje a mi memoria recuerdos de mi pasado
y me fue fácil comprenderlo. En mi actividad alcohólica hice cosas que, tiempo
atrás, yo juzgaba inconcebibles. Aprendí
que la enfermedad del alcoholismo es insidiosa. Recordé mi vida pasada y lo
comprendí en seguida. Cuántas veces me
dije: “No voy a beber”, y cuando me vine a dar cuenta-tal es la insidia con que
trabaja esta enfermedad- ya tenía el trago en los labios, contra mis planes
trazados, contra mi decisión hecha, contra mis mejores intenciones, contra mi
fuerza de voluntad.
Aprendí
que la enfermedad del alcoholismo es incurable. Nunca un alcohólico como yo
podrá volver a ser un bebedor social. Pero aprendí también que la enfermedad se puede mantener arrestada, y
ser uno normalmente feliz, mientras se mantenga uno alejado de la primera copa.
por que ratifique ahí lo que ya yo sospechaba- una es demasiado… ¡-Y MIL NO
BASTA!
Aprendí
que el pasado es un cheque cancelado y
no debe ser, como era, motivo de tortura y preocupación en el presente. Aprendí que por más poder que yo tuviera,
no podría retroceder mi pasado para arreglarlo a mi modo de hoy.(Y.
efectivamente, hoy para mí el pasado es un
cheque cancelado que llevo en mi cartera y que de vez en cuanto, lo miro
en forma positiva, para mi salvación).
Aprendí
que el futuro no debe preocuparme demasiado, puesto que yo no sé si voy
a amanecer vivo mañana. En resumidas cuentas… Aprendí que yo no puedo secar mi ropa con el sol
de ayer, porque ése ya se fue, y que no puedo secarla con el sol de mañana,
porque ése no ha salido todavía.
Aprendí que, poniendo todo mi empeño, mi
fortaleza, mi fe y mi esperanza en las VEINTICUATRO HORAS DE HOY… ¡HOY
ESTARÉ SOBRIO! : Ese plan sencillo de
las veinticuatro horas fue para mí de ayuda vital.
Me entusiasmó ver que A.A. no es una liga de
temperancia, ni una religión ni una entidad reformista. En A.A. Todo el mundo
habla bien del ron, que es el lubrícate social por excelencia para quienes
pueden tomarlo sin crearse problemas: como el azúcar que es buena a pasto pero
no para aquellos que padecen diabetes. Comprendí la importancia (la necesidad)
de asistir a las reuniones. Esa terapia grupal funciona. Para mí es como la
estación de gasolina en la encrucijada del camino, en la cual lleno mi tanque
de sobriedad; es el laboratorio de ensayo en la más franca y simpática camaradería,
en el cual, a tono con un sencillo programa sugerido de Doce Pasos, voy
tratando mejorar mi personalidad y mi vida, bregando con migo mismo y tratando de
progresar en los renglones de la humanidad,
la comprensión, la tolerancia y el amor de los unos a los otros, porque
A.A. no es solamente dejar de beber, es mucho, más. Es una nueva forma de vida.
Es un empeño constante de acercamiento a un Poder Superior, tal como cada quien
lo concibe.
Te agradezco infinitamente el tiempo que me
regalaste este día.
domingo, 13 de julio de 2014
El aburrimiento
Tu vida está llena de repeticiones. Cada
mañana te levantas prácticamente igual a como llevas haciéndolo toda la vida.
Desayunas casi de la misma manera. Después, vas a la oficina; la misma oficina,
la misma gente, el mismo trabajo. Después
vuelves a casa; la misma mujer, el mismo marido, la misma pareja. Es normal que
te aburras. Te resulta muy difícil ver aquí alguna novedad; todo parece viejo,
polvoriento.
|
Una vez escuche la siguiente anécdota:
Un día mientras estaba en su casa, la
amante de un banquero oyó el timbre. Abrió la puerta, pero al darse cuenta
de que quien llamaba era la mujer del banquero, intentó cerrar rápidamente.
La mujer se apoyó en la puerta y dijo:
-Déjame pasar: No tengo intención de organizar ninguna escena, solo quiero
que hablemos tranquilamente
La amante, muy nerviosa, la dejó pasar
y le preguntó con recelo:
-¿Que quieres?
Ella contestó:
-Nada importante. Solo quería que me
respondieras a una pregunta. Entre nosotras, ¿Qué le ves a ese estúpido
|
El mismo marido, al cabo de tantos días, se
convierte en un estúpido; ver a la misma mujer, todos los días, hace que
prácticamente olvide su aspecto. Si te dicen que cierres los ojos y que
recuerdes el rostro de tu mujer, te resultará imposible recordarlo. Te vendrán
muchas otras mujeres a la mente, todo el barrio, pero no tu mujer. La relación
se ha convertido en una repetición continua. Haces el amor, abrazas a tu mujer,
la besas, pero ahora todos estos gestos son vacíos. Hace mucho que desapareció
el esplendor y el brillo.
El matrimonio se acaba prácticamente al mismo tiempo
que termina la luna de miel; después finges. Pero detrás de esa falsedad, se
acumula un profundo aburrimiento. Ves a la gente andando por la calle y ves que
están completa mente aburridos. Todo el mundo está aburrido, como una ostra.
Contempla su rostro: no tienen una aura de dicha, Contempla sus ojos: están
apagados, sin ningún destello de felicidad interior. Van de
la oficina a casa, de casa a la
oficina y, poco a poco, su vida se convierte en una rutina mecánica, en una
constante repetición. Y llega un día en el que mueren. La mayoría de la gente
muere sin haber estado viva.
Se dice que Bertrand Russell confesó: “Si vuelvo la
vista atrás, solo puedo encontrar unos
cuantos momentos en mi vida en los que estuve realmente vivo, ardiendo”.
¿Puedes recordar cuántos momentos de tu vida han sido realmente ardientes? Es
algo que ocurre muy pocas veces. Soñamos con esos momentos, imaginamos esos momentos, esperamos esos momentos, pero casi nunca ocurren. Incluso aunque ocurran,
tarde o temprano también se volverán repetitivos. Cuando te enamoras de una mujer o un hombre te
perece como si hubiera ocurrido un milagro, pero poco a poco
el milagro desaparece y todo se convierte en una rutina.
El aburrimiento es la consciencia de la repetición.
Los animales no pueden aburrirse porque no pueden recordar el pasado. No pueden
recordarlo, así que no pueden sentir la repetición. El búfalo sigue comiendo la
misma hierba todos los días con la misma alegría. Tú no puedes. ¿Cómo podrías
comer la misma hierba todos los días con la misma alegría? Acabas hartándote.
De ahí que la gente intente cambiar. Cambian de
casa, compran un coche nuevo, se divorcian del antiguo marido, tienen una
aventura. Pero de nuevo, tarde o temprano, ese elemento nuevo se volverá
repetitivo. Cambiar de lugar, cambiar de pareja, cambiar de casa, no servirá de
nada.
Cuando una
sociedad se vuelve muy aburrida, la gente empieza a cambiar de una ciudad a
otra, de un trabajo a otro, de una mujer a otra, pero tarde o temprano se dan
cuenta de que es una tontería. Sucederá lo mismo con todas las mujeres, con
todos los hombres, con todas las casas, con todos los coches.
Entonces ¿Qué se puede hacer? Ser más consiente. No
se trata de cambiar de situación. Transforma, tu ser, sé más consciente. Si te
vuelves mas consiente serás más capaz de ver que cada momento es nuevo. Pero
para eso, hace falta mucho energía de consciencia.
domingo, 6 de julio de 2014
Las costumbres tardan en cambiar
En la india hubo un
gran místico, Eknath. En una ocasión, iba a emprender una
peregrinación sagrada con todos sus discípulos. Era un
viaje que duraría tres a seis meses.
Un hombre se le acercó, se
postró a sus pies, y le dijo:
-Sé que no soy digno. Tú también lo
sabes, todo el mundo lo sabe. Pero sé que tu compasión es mayor que mi
indignidad.Por favor, acéptame a mí también como miembro del grupo que va a
hacer la peregrinación.
Eknath le respondió:
Tu eres un ladrón, y no un ladrón
común un maestro ladrón. Nunca te han cogido, aunque todo el mundo sabe que
eres un ladrón. Sin duda, deseo admitirte, pero también tengo que
pensar en las otras cincuenta personas que van conmigo:
Tendrás que prometerme una cosa; es lo único que te pido: que durante los tres
o seis meses que dure la peregrinación no robarás. Después dependerá de ti. Una
vez que regreses a tu casa, quedaras libre de la promesa.
-Estoy totalmente dispuesto a prometerte
eso, y te estoy inmensamente agradecido por tu compasión- aceptó el hombre.
Las otras cincuenta personas recelaban.
Confiar en un ladrón…, pero no podían decirle nada a Eknath, él era el maestro.
La peregrinación comenzó y
desde la primera noche ya empezaron los problemas. A la
mañana siguiente hubo un gran caos: a uno le faltaba el abrigo, a
otro le faltaba la camisa, a otro le había desaparecido el dinero.
Todo el mundo gritaba; ¨Donde está mi dinero?¨ y le recriminaban a
Eknath ¨Desde el principio nos preocupó mucho que aceptaras a este hombre.
Lleva haciendo lo mismo toda la vida¨-
Sin embargo, empezaron a buscar y
descubrieron que no les habían robado nada. A uno le faltaba el dinero, pero lo
encontró en la bolsa de otrapersona. A otro le faltaba el abrigo,
pero lo halló en el equipaje de otra persona.
Lo encontraron todo, pero era una molestia; ¡ todas las mañanas ocurría lo
mismo¡ Nadie podía entender qué pasaba. No
había duda de que no lo hacia el ladrón, porque no desaparecía nada.
La tercera noche, Eknath se quedó
despierto para averiguar qué pasaba. En mitad de la noche, el ladrón – víctima
de la costumbre- se levantó y empezó a coger las cosas de un sitio y ponerlas
en otro.
Eknath le paró y le pregunto.
-¿Que estás haciendo? ¿Has olvido la
promesa que hiciste?
-No, no la he olvidado – respondió el
ladrón -. No estoy robando nada, pero no he prometido que no fuera a cambiar
las cosas de un sitio a otro. Dentro de seis meses volveré hacer ladrón, así
que estoy practicando. Tú tienes que entenderlo, es una costumbre de toda la
vida, no puedo abandonarla así como así. Dame un poco de tiempo. También tienes
que entenderme a mí. Durante tres días no he robado nada, ¡Es como ayunar! Esto
no es más que un sustitutivo, me estoy distrayendo. Este es mi
horario de trabajo, a mitad de la noche, así que me resulta muy difícil
quedarme despierto tumbado en la cama. Además, pensar que hay tantos
ingenuos durmiendo a mi alrededor y yo sin robar a nadie…Por la mañana
encontrarán sus cosas.
-Eres muy raro- le dijo Eknath-. Estas viendo
que todas las mañanas hay una gran confusión, y que desperdiciamos
una o dos horas buscando dónde has puesto las cosa, en qué bolsa aparece lo de
otra persona. Todo el mundo tiene que abrir la suya y preguntar a los demás:
¨¿De quién es esto?¨
El ladrón le contestó:
-Bueno, al menos tienes que permitirme
eso.
Veintisiete años de personalidad falsa
impuesta por las personas a las que has amado, a las que has respetado. Pero no
pretendían intencionadamente hacerte daño; sus intenciones eran buenas, solo
que lo hacían sin ninguna conciencia. No eran personas consientes: tus padres,
tus maestros, tus sacerdotes, tus políticos no eran personas consientes, eran
inconscientes. Sin embargo, hasta las buenas intenciones en manos
de una persona inconsciente se vuelven venenosas. osho
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)