El mito de la perfección continuación
Pero aprendimos que éramos enfermos
emocionales, que estábamos lejos, muy lejos de ser perfectos, y que, probablemente
nunca lo seríamos, pero que podríamos
empezar a crecer hacia la perfección empezando desde abajo… y admitiendo
que éramos impotentes –punto. Entonces,
y sólo entonces, desde el “sótano de la humildad”, podríamos esperar crecer, a
través de líneas espirituales, si nos
proyectamos constantemente a la perfección, si sinceramente y con consistencia
tratábamos, y además, “esperando la gracia de Dios”. Aprendimos a no
preguntarnos, a nosotros mismos”. “¿cómo vamos progresando? sino solamente,
“¿cuánto estamos tratando?”, día con día, apliquemos ahora este principio del Mito
de la perfección en todos nuestros asuntos:
1° EN NUESTRA VIDA EN EL HOGAR. Nadie de
nuestra familia es perfecto, INCLUYENDO A NOSOTROS MISMOS. Esto nos llevará a
no trastornarnos, ni perturbarnos o irritarnos por las faltas de la esposa o
(esposo). Nuestros hijos no serán los mejores del mundo, y estarán lejos de ser
perfectos. Cuantos dolores de cabeza evitarían las madres y los padres si
esperaran que sus hijos podrían fallar. Entonces no se escucharía el frecuente
lamento: “¡Pensar que mi hijo hizo tal cosa!, ¿Y por qué no? ¿Es nuestro hijo
mejor que otro? ¿Realmente lo es? Desde luego que no, si es descendiente de Adán.
Sus hijos, lo hijos de ellos, nuestro hijos, todos los hijos están expuestos
a hacer cualquier cosa. Y esto hace resaltar la necesidad de rezar, porque Dios
los proteja de cualquier daño.
Y el hecho de que nuestros hijos sea un costilla un Pavón, o un Aldama no lo hace mejor que cualquier otro hijo en todo el mundo, Qué
cruel es colocar en cualquier niño la carga de: “Recuerda siempre, muchacho,
que tú eres un Costilla” Asi es que es un Costilla, y si se emborracha, ¿y qué?
El pobre estaba tan ocupado recordando que era un “Costilla” que no tuvo tiempo
de contar los tragos.
Dejemos que nuestros hijos sepan que somos humanos
–ellos son humanos. Entonces tendrán confianza en nosotros. ¿Quién quiere
confiar en una persona que se ha colocado a si mismo en un pedestal?
LA perfección es un ideal- hacia el que hay que
crecer- y nosotros no somos ese ideal para nuestros hijos no somos su modelo de
virtud. Por eso Dios nos dio a los santos y a Si mismo para que tratáramos de
imitarlos. Así es que quitémonos de ese
lugar.
¿Saben algo? ¡Sus hijos los querrían más así!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario