El mito de la perfección
“Admitamos
nuestras imperfecciones para que podamos empezar a crecer hacia la perfección”. San Agustín
El
siguiente principio de A.A., es uno que siempre ha sido el preferido del
escritor. Esto tal vez se deba a que lo fraguamos tal como aquí expresa; quizás
sea porque el mismo escritor, al no reconocer este principio durante sus
primeros años en A.A., consideraba, tanto en él mismo como en los demás, como
anormal lo que era normal, y lo indujo a ser un perfeccionista de primer orden:
o tal vez sea nuestro sincero deseo de compartir nuestros descubrimientos
logrados a través de los muchos perfeccionistas que hemos conocido en el
camino. Sea cual fuera la razón, creemos que la ausencia de este principio en
nuestras actitudes, es responsable de algunos de los trastornos más serios en
la naturaleza humana. Este principio es: “EL MITO DE LA PERFECCIÓN”
En el
lenguaje sencillo, el MITO DE LA PERFECCIÓN significa: “No hay nadie perfecto
en este mundo” no señor, no lo hay; y al pensar que lo hay, es uno de los mayores
causantes de dificultades entre nosotros, pobres seres humanos, y también es
responsable de todo el perfeccionismo
que existe, especialmente en
los enfermos del alma.
Durante todas nuestras vidas esperamos la
perfección, y cuando una y otra vez encontramos en su lugar la imperfección, faltas,
fallas y algunas de ellas realmente serias, nos “desilusionan”, lo que en
realidad sólo era una forma sustituta de
la autocompasión. Es por eso que nos alejamos de la realidad y seguimos
buscando el fuego fatuo, el espejismo, la no existente perfección en nosotros y
los demás. ¿Nuestro motivo? aunque, en muchos casos subconsciente, un orgullo
patológico que seguía exigiendo lo mejor para nosotros y para los nuestros, y
que también fue una barrera para que admitiéramos que éramos neuróticos.
“¿Nosotros neuróticos?”… ¡Imposible! ¡Eso no nos puede suceder a nosotros! Lo
que se traduce en: “¡Somos perfectos!”. ¡Curiosamente, si nos sucedió, y no
somos perfectos!
¿Recuerdan cómo solíamos esperar
la perfección? Primero pensamos que nuestros padres eran perfectos. Luego
encontramos que no lo eran.
Frustración
numero 1. Luego conocimos a una muchacha (o a un muchacho) de nuestros sueños.
Y pensamos: he aquí la perfección. Y luego nos casamos con ella (o él).
Frustración numero 2. (Hay tantos que piensan que su amada o amado es tan
perfecto, tan maravilloso, que podrían comérselo. Luego se casan ¡y no
desearían haberlo hecho!) Luego llegan nuestros hijos. ¡Y sin duda eran
perfectos! “¿No es el niños mas perfecto que ha existido?” Y luego un día
el policía trajo a nuestro hijo perfecto a la casa por encontrarse en
dificultades, ¿Nuestro hijo? ¡Nunca! ¡Pero si es nuestro hijo! Y tuvimos otra
frustración. Y luego estábamos nosotros mismos. Nos aferramos al espejismo hasta el último momento, éramos perfectos, y
si no lo creían, todo lo que tenían que hacer era preguntárnoslo.
Y luego se presento el orgullo y
la soberbia para gritar a los 4 vientos “soy el mejor tipazo”, o… “Soy la mujer
perfectiénes sea o qué posición tenga en la vida. Nadie, y queremos decir, NADIE ES PERFECTO. ¿Desea algunas pruebas de las Escrituras? Si alguien entre ustedes dice que no tiene pecados, es un mentiroso y la verdad no está en él. Esta es sólo una forma más larga de decir: no hay nadie perfecto.
El motivo que está detrás del perfeccionismo que hemos mencionado es el orgullo. Dios dice “sed perfectos”, pero El no dice: Ahora mismo. Quiere decir hay que caminar hacia la perfección, “Crecemos a través de líneas espirituales “ “Somos imperfectos, pero Dios nos perfeccionará a su tiempo y a su modo. Admitamos nuestra imperfección para que podamos crecer hacia la perfección”
Este mismo motivo de orgullo y de pensamiento perfeccionista es el responsable de que muchos rehúsen a aceptar el problema de las adicciones. Por ejemplo:
“¿Un alcohólico en nuestra familia? ¡Ridículo!”
“¿Mi hijo drogadicto? ¡Imposible!”
“¿Un medico indolente? ¿Un sacerdote neurótico? Vamos, “¡Eso no puede ser!”.
“¿Yo soy un adicto al sufrimiento? Hombre, ¡Eso es absurdo!”
Y más. Y más, y más de “¡Esto no me puede suceder a Mi”
Hace algunos años nos comunicamos con la madre de un amigo de A.A. Cuando fuimos a verla, de inmediato dijo “¡NUNCA, ha habido debilidad alguna en mi familia!”
Otra madre le dijo al suscrito cuando, con otro A.A., fuimos a ver a su muy intoxicado hijo para prestarle ayuda: “Mi pobre Carlitos, ¡él nunca ha hecho nada malo en toda su vida!”. Y cuando se le insinuó que tal vez esa actitud de ella podría ser responsable de que el “pobre” Carlitos estuviera borracho, se enojó mucho. ¿Por qué sería?a, la más bella en este planeta”
¿La
verdad? Nadie es perfecto. No le hace qu
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