El aburrimiento
Tu vida está llena de repeticiones. Cada
mañana te levantas prácticamente igual a como llevas haciéndolo toda la vida.
Desayunas casi de la misma manera. Después, vas a la oficina; la misma oficina,
la misma gente, el mismo trabajo. Después
vuelves a casa; la misma mujer, el mismo marido, la misma pareja. Es normal que
te aburras. Te resulta muy difícil ver aquí alguna novedad; todo parece viejo,
polvoriento.
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Una vez escuche la siguiente anécdota:
Un día mientras estaba en su casa, la
amante de un banquero oyó el timbre. Abrió la puerta, pero al darse cuenta
de que quien llamaba era la mujer del banquero, intentó cerrar rápidamente.
La mujer se apoyó en la puerta y dijo:
-Déjame pasar: No tengo intención de organizar ninguna escena, solo quiero
que hablemos tranquilamente
La amante, muy nerviosa, la dejó pasar
y le preguntó con recelo:
-¿Que quieres?
Ella contestó:
-Nada importante. Solo quería que me
respondieras a una pregunta. Entre nosotras, ¿Qué le ves a ese estúpido
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El mismo marido, al cabo de tantos días, se
convierte en un estúpido; ver a la misma mujer, todos los días, hace que
prácticamente olvide su aspecto. Si te dicen que cierres los ojos y que
recuerdes el rostro de tu mujer, te resultará imposible recordarlo. Te vendrán
muchas otras mujeres a la mente, todo el barrio, pero no tu mujer. La relación
se ha convertido en una repetición continua. Haces el amor, abrazas a tu mujer,
la besas, pero ahora todos estos gestos son vacíos. Hace mucho que desapareció
el esplendor y el brillo.
El matrimonio se acaba prácticamente al mismo tiempo
que termina la luna de miel; después finges. Pero detrás de esa falsedad, se
acumula un profundo aburrimiento. Ves a la gente andando por la calle y ves que
están completa mente aburridos. Todo el mundo está aburrido, como una ostra.
Contempla su rostro: no tienen una aura de dicha, Contempla sus ojos: están
apagados, sin ningún destello de felicidad interior. Van de
la oficina a casa, de casa a la
oficina y, poco a poco, su vida se convierte en una rutina mecánica, en una
constante repetición. Y llega un día en el que mueren. La mayoría de la gente
muere sin haber estado viva.
Se dice que Bertrand Russell confesó: “Si vuelvo la
vista atrás, solo puedo encontrar unos
cuantos momentos en mi vida en los que estuve realmente vivo, ardiendo”.
¿Puedes recordar cuántos momentos de tu vida han sido realmente ardientes? Es
algo que ocurre muy pocas veces. Soñamos con esos momentos, imaginamos esos momentos, esperamos esos momentos, pero casi nunca ocurren. Incluso aunque ocurran,
tarde o temprano también se volverán repetitivos. Cuando te enamoras de una mujer o un hombre te
perece como si hubiera ocurrido un milagro, pero poco a poco
el milagro desaparece y todo se convierte en una rutina.
El aburrimiento es la consciencia de la repetición.
Los animales no pueden aburrirse porque no pueden recordar el pasado. No pueden
recordarlo, así que no pueden sentir la repetición. El búfalo sigue comiendo la
misma hierba todos los días con la misma alegría. Tú no puedes. ¿Cómo podrías
comer la misma hierba todos los días con la misma alegría? Acabas hartándote.
De ahí que la gente intente cambiar. Cambian de
casa, compran un coche nuevo, se divorcian del antiguo marido, tienen una
aventura. Pero de nuevo, tarde o temprano, ese elemento nuevo se volverá
repetitivo. Cambiar de lugar, cambiar de pareja, cambiar de casa, no servirá de
nada.
Cuando una
sociedad se vuelve muy aburrida, la gente empieza a cambiar de una ciudad a
otra, de un trabajo a otro, de una mujer a otra, pero tarde o temprano se dan
cuenta de que es una tontería. Sucederá lo mismo con todas las mujeres, con
todos los hombres, con todas las casas, con todos los coches.
Entonces ¿Qué se puede hacer? Ser más consiente. No
se trata de cambiar de situación. Transforma, tu ser, sé más consciente. Si te
vuelves mas consiente serás más capaz de ver que cada momento es nuevo. Pero
para eso, hace falta mucho energía de consciencia.
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