El mito de la perfección (Continuación)
2.-
EN NUESTRA VIDA SOCIAL. Al estar conscientes del mito de la perfección, nos asociamos con
nuestros amigos y conocidos, sabiendo que ni ellos ni nosotros
somos perfectos. Somos débiles también lo son ellos; tenemos problemas,
también ellos los tienen; tenemos faltas, también las tienen ellos; estamos
haciendo todo lo que podemos con las
luces que nos han sido dadas y, también ellos lo están haciendo.
Con esta actitud, no imputaremos tan rápida y
frecuentemente motivos maliciosos a los demás. Y sorprendentemente,
encontraremos que la mayoría de la gente no es maliciosa –aún cuando obra mal-,
sino que esto surge, en gran parte, de
la ignorancia, de los extravíos y de la falta de reflexión y debilidad humana,
que es inherente a todos nosotros, sin la ayuda de la Gracia Divina. Puede
conducir a lo que sea, pero que, con la ayuda de la Gracia Divina, puede lograr
todo. Si es la voluntad de Dios que logremos en ese momento.
La actitud resultante de la convicción del Mito de
la Perfección, también nos enseñará lo que nos gusta llamar la “Independencia”
de los seres humanos. Entonces estaremos dispuestos a ayudar a los demás –sin
importarnos quiénes sean-. Y también obtendremos la convicción de que la gente
nos necesita y nosotros necesitamos a la gente; todos nos necesitamos los unos a
los otros. De esta verdad crece la base para la “hermandad del hombre”.
3 EN NUESTROS ASUNTOS DE NEGOCIOS. No somos los
más grandes hombres de negocios del
mundo. Esto nos llevará a buscar consejo en aquellos renglones en los que no
seamos expertos en nuestro negocio. Tendremos la mente abierta en los negocios
lo que significa buscar caminos y medios desconocidos por nosotros para mejorar, en vez de proceder con la
orgullosa convicción de que conocemos todas las repespuestas en nuestra
especialidad. Una actitud como la segunda, es la que lleva a la existencia
de los miles de “elefantes blancos” en todo el país. Y observe la cantidad de escuelas
defectuosamente construidas, y las iglesias, y los auditorios –todo ello como
resultado de que cualquier persona no
especializada, pensó que era el mejor arquitecto y constructor. El suscrito era
en un tiempo pastor de una iglesia de un pueblo muy pequeño. Teníamos dos
calderas; una en la rectoría y la otra en la iglesia. Pensando que podríamos
ahorrar en carbón, le preguntamos a los depositarios si podríamos tener una
caldera para ambos lugares. “No padre, lo intentamos una vez. Teníamos una
caldera en la iglesia pero nunca logró dar calor a la rectoría”
Todavía dudoso, y tal vez también aguijoneado o por
un poco de flojera, buscamos a un experto en cuestiones de calentadores. El
sugirió que se hiciera un examen de propiedad. Se mando a hacer uno, y al
efectuarlo, encontraron que la caldera en la iglesia nunca calentaría la casa,
pero una caldera en la rectoría calentaría con toda efectividad la iglesia ¿Por
qué? Había un aumento de 30 grados en el piso de la iglesia. (En esos tiempos
no teníamos ni bombas ni ventiladores)… ¡El mito de la perfección!
(Continuara)
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