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Centro de Rehabilitación para Enfermos de Alcoholismo, Drogadicción y Problemas Emocionales "San Rafael" con Grupo de A.A. y E.P.A.V. (escuela para aprender a vivir) Bulevar de Las Primaveras #265, Fracc. Prados Verdes, C.P. 58110 Morelia Michoacán, México.


Para mayor información y despejar todas sus dudas, cominiquese con nosotros en orarios de oficina a los siguientes teléfonos: 01 (443) 326-20-55 y 232-51-19

Informe

CENTRO DE REHABILITACIÓN "SAN RAFAEL" Es una institución de servicio social, NO LUCRATIVO, creada con la responsabilidad de coadyuvar con las autoridades encargadas de cuidar la salud de nuestra sociedad; y dar atención al grave problema social que mutila y discapacita a cientos de de miles de personas de todas las edades y ambos sexos y es la causa de graves problemas en el entorno social y es considerada como la causa número uno de la DESINTEGRACIÓN FAMILIAR: LAS ADICCIONES EN GENERAL. Para cumplir con el objetivo o FIN SUPREMO aprovechamos los TRES LEGADOS del programa de ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS Y ADICTOS ANÓNIMOS cuyos principios de sanación y superación son de origen ESPIRITUAL.

domingo, 27 de julio de 2014

El mito de la perfección
Admitamos nuestras imperfecciones para que podamos empezar  a crecer hacia la perfección”. San Agustín

El siguiente principio de A.A., es uno que siempre ha sido el preferido del escritor. Esto tal vez se deba a que lo fraguamos tal como aquí expresa; quizás sea porque el mismo escritor, al no reconocer este principio durante sus primeros años en A.A., consideraba, tanto en él mismo como en los demás, como anormal lo que era normal, y lo indujo a ser un perfeccionista de primer orden: o tal vez sea nuestro sincero deseo de compartir nuestros descubrimientos logrados a través de los muchos perfeccionistas que hemos conocido en el camino. Sea cual fuera la razón, creemos que la ausencia de este principio en nuestras actitudes, es responsable de algunos de los trastornos más serios en la naturaleza humana. Este principio es: “EL MITO DE LA PERFECCIÓN”
En el lenguaje sencillo, el MITO DE LA PERFECCIÓN significa: “No hay nadie perfecto en este mundo” no señor, no lo hay; y al pensar que lo hay, es uno de los mayores causantes de dificultades entre nosotros, pobres seres humanos, y también es responsable  de todo el perfeccionismo que existe, especialmente  en los enfermos del alma.
 Durante todas nuestras vidas esperamos la perfección, y cuando una y otra vez encontramos en su lugar la imperfección, faltas, fallas y algunas de ellas realmente serias, nos “desilusionan”, lo que en realidad sólo era una forma sustituta  de la autocompasión. Es por eso que nos alejamos de la realidad y seguimos buscando el fuego fatuo, el espejismo, la no existente perfección en nosotros y los demás. ¿Nuestro motivo? aunque, en muchos casos subconsciente, un orgullo patológico que seguía exigiendo lo mejor para nosotros y para los nuestros, y que también fue una barrera para que admitiéramos que éramos neuróticos. “¿Nosotros neuróticos?”… ¡Imposible! ¡Eso no nos puede suceder a nosotros! Lo que se traduce en: “¡Somos perfectos!”. ¡Curiosamente, si nos sucedió, y no somos perfectos!
¿Recuerdan cómo solíamos esperar la perfección? Primero pensamos que nuestros padres eran perfectos. Luego encontramos que no lo eran.
Frustración numero 1. Luego conocimos a una muchacha (o a un muchacho) de nuestros sueños. Y pensamos: he aquí la perfección. Y luego nos casamos con ella (o él). Frustración numero 2. (Hay tantos que piensan que su amada o amado es tan perfecto, tan maravilloso, que podrían comérselo. Luego se casan ¡y no desearían haberlo hecho!) Luego llegan nuestros hijos. ¡Y sin duda eran perfectos! “¿No es el niños mas perfecto que ha existido?” Y luego un día el policía trajo a nuestro hijo perfecto a la casa por encontrarse en dificultades, ¿Nuestro hijo? ¡Nunca! ¡Pero si es nuestro hijo! Y tuvimos otra frustración. Y luego estábamos nosotros mismos. Nos aferramos al espejismo  hasta el último momento, éramos perfectos, y si no lo creían, todo lo que tenían que hacer era preguntárnoslo.
Y luego se presento el orgullo y la soberbia para gritar a los 4 vientos “soy el mejor tipazo”, o… “Soy la mujer perfectiénes sea o qué posición tenga en la vida. Nadie, y queremos decir, NADIE ES PERFECTO. ¿Desea algunas pruebas de las Escrituras? Si alguien entre ustedes dice que no tiene pecados, es un mentiroso y la verdad no está en él. Esta es sólo una forma más larga de decir: no hay nadie perfecto.
El motivo que está detrás del perfeccionismo que hemos mencionado es el orgullo. Dios dice “sed perfectos”, pero El no dice: Ahora mismo. Quiere decir hay que caminar hacia la perfección, “Crecemos a través de líneas espirituales “ “Somos imperfectos, pero Dios nos perfeccionará a su tiempo y a su modo. Admitamos nuestra imperfección para que podamos crecer hacia la perfección”
Este mismo motivo de orgullo y de pensamiento perfeccionista es el responsable de que muchos rehúsen a aceptar el problema de las adicciones. Por ejemplo:
“¿Un alcohólico en nuestra familia? ¡Ridículo!”
“¿Mi hijo drogadicto? ¡Imposible!”
“¿Un medico indolente? ¿Un sacerdote neurótico? Vamos, “¡Eso no puede ser!”.
“¿Yo soy un adicto al sufrimiento? Hombre, ¡Eso es absurdo!”
Y más. Y más, y más de “¡Esto no me puede suceder a Mi”
Hace algunos años nos comunicamos con la madre de un amigo de A.A. Cuando fuimos a verla, de inmediato dijo “¡NUNCA, ha habido debilidad alguna en mi familia!”
Otra madre le dijo al suscrito cuando, con otro A.A., fuimos a ver a su muy intoxicado hijo para prestarle ayuda: “Mi pobre Carlitos, ¡él nunca ha hecho nada malo en toda su vida!”. Y cuando se le insinuó que tal vez esa actitud de ella podría ser responsable de que el “pobre” Carlitos estuviera borracho, se enojó mucho. ¿Por qué sería?a, la más bella en este planeta”
¿La verdad? Nadie es perfecto. No le hace qu

domingo, 20 de julio de 2014

Querido hermano:
Perdona que distraiga tu atención y que te suplique una limosna de CINCO MINUTOS, pero en los últimos años he aprendido que la mejor manera de mantener y acrecentar mi sobriedad es compartiéndola con otros, y es ese motivo que me impulsa a formar estas líneas.
Durante veinte años yo estuve aliado a la botella
En un principio posiblemente  como bebedor social usando el trago de vez en cuando, cuando la ocasión lo ameritaba. Más tarde, como bebedor fuerte, con más frecuencia y más intensidad, abusando  de mi indiscutible capacidad asimilativa.
No tenía problemas con el alcohol. Pero… un día, no sé cuándo ni porque, crucé esa línea invisible que separa al “bebedor normal”  (social o fuerte), del “bebedor problema” o “Alcohólico”. Y, aunque  yo me negaba a  reconocerlo, empezaron a surgir problemas, en lo económico, en lo físico, en lo moral, en mi capacidad para trabajar, en mis relaciones de familia, en mi convivir con la sociedad, en mis responsabilidades, en mis valores espirituales. Pero yo, torpemente, con ese ego inflado que caracteriza a los alcohólicos como yo y que les hace  vivir en un mundo  de egocentrismo, seguí creyendo que era el bebedor social, elegante y genial.
Todo el mundo se daba cuenta de lo “cuesta abajo” que yo iba, toda el mundo… menos yo. Yo no me daba cuenta de que estaba bebiendo COMPULSIVAMENTE. Una obsesión  mental y una compulsión física me empujaban a seguir bebiendo. Yo que durante una prolongada época de mi vida de borracho no concebía beber solo, ya estaba bebiendo solo, sin más compañía que una compulsión superior a mis fuerzas… Yo, que no concebía beber por la mañana, ya estaba bebiendo al despuntar el alba.
Pero yo seguía creyéndome el bebedor social y simpático, pregonando que el día que yo tuviese problemas con la botella pondría en juego mi fuerza de voluntad.. ¡y al diablo con la copa!
Y llegó ese momento. Fue una madrugada, como a las cuatro, en mi hogar. Me sorprendí en el comedor, tembloroso y con los nervios destrozados, buscando una botella para tomar un trago… ¡Un trago que me exigía el cuerpo! ¡Me lo serví… y me tomé! Inmediatamente surgió algo que yo llame “casualidad”, pero que hoy llamo DIOS. Fue un  momento de lucidez, como un rayo de claridad mental, que me permitió  reconocer  que aquello no era normal. Que no era normal que un hombre  como yo, que desde chico ha sido un defensor incansable de libertad, se viera esclavo de una botella de ron. Reconocí que “algo malo”  había  en mi relación con la botella, y decidí poner en juego mi “fuerza de voluntad”, en la cual creía  yo como cree el tahúr en el as de espadas escondido en la manga del saco, y el cual, en hábil escamoteo, surge para salvar la situación; como cree el entrenador de un equipo de futbol en su “jugador estrella”, que aguarda en la banca su indicación para entrar a la cancha y buscar el triunfo.
Salí temprano, en la mañana con la banderita y el himno de mi “fuerza de voluntad”, cantándome el estribillo de “¿Una botella dominarme a mí?… ¿A mi…? ¡Bag! Para eso está mi gran fuerza de voluntad. ¡Se acabó!... ¡No bebo más en mi vida!”
Había caminado cuatro cuadras, cuando vi una de las cantinas que yo solía frecuentar, pero no renuncié a mi firme resolución de NO BEBER MÁS; sencillamente, hice una pequeña enmienda en esa resolución y me dije: “Me voy a  tomar una… para los nervios… y ya está…”.
¡Y me la tomé!
Solamente Dios y yo sabemos lo que sufrí en los ocho meses que siguieron  a ese trago “pa´los nervios”. Al verme impotente para luchar contra el alcohol, perdi toda fuente de fe, de ambición, de esperanza… y seguí bebiendo porque ya no podía parar, considerándome el mas infeliz, el más vicioso y el más degenerado de los hombres: con temor a todo y a nada, y utilizando esa forma lenta de suicidio a la que recurren quienes no tienen el valor de cortarse las venas o pegarse un tiro.
Y llegué a la antesala del manicomio… ¡Al delirium tremens!
¡Todo había fallado!… La medicina, la religión, los sufrimientos de mi madre, las lágrimas de mi esposa, las miradas tan significativas de mis hijos, los consejos de mis amigos, las advertencias de mis jefes y mi tan traída y llevada fuerza de voluntad...
¡Estaba derrotado¡… Fulminantemente derrotado… e impotente en la derrota.
Conocí a unos hombres y mujeres  que suman su fe, su esperanza, su  fortaleza y sus experiencias para mantenerse alejados de la copa… Nada me cobraron. Nada me pidieron. Nada me dijeron de MI CASO. Ellos hablaron de ellos, de lo que ellos habían sufrido en su alcoholismo activo, de lo que ellos habían pasado, de las experiencias de ellos… Y de cómo  cada quien había llegado a su fondo… Y tal parece que cada cual tiene su fondo…(el de algunos más macabro que el mío el de otros no tan doloroso como el fondo al cual llegué… pero su fondo).
Al contarme los episodios de sus  vidas, veía yo, en las de ellos, los episodios de la mía. Porque ellos también supieron del dormir a medias, del vómito amarillo y verde de la bilis, del nerviosismo cruel, del temor, de la ansiedad, de las amnesias… del dolor… de la perdida de las naturales ambiciones… ¡De la derrota¡ Por primera vez en mi vida supe que yo no estaba solo. ¡Que éramos muchos lo que íbamos en la misma lancha¡.
Y, aunque escéptico y pesimista en exceso, fui a las primeras reuniones. No me cobraron nada. No tenía cuotas. Ni los que dirigían las reuniones cobraban honorarios, era simples servidores del grupo, puestos ahí periódicamente  por el grupo mismo. No tenían registros de miembros, ni pasaban lista. No exigían cantar himnos, ni arrodillarse, ni firmar juramentos, ni hacer promesas. TODO ERA SUGERIDO.
Aprendí muchas cosas. Dios me ayudó  a tener la mente receptiva. Aprendí que el alcoholismo es una enfermedad, que el alcohólico es un enfermo. Que alcohólico es todo aquel que se crea problemas en cualquier aspecto de su vida cuando entra en contacto con el alcohol. Que la enfermedad del alcoholismo es psicosomática. Afecta el cuerpo, la mente… y el alma.
Aprendí cual es la diferencia entre el bebedor social y el bebedor problemas (o alcoholico). Y como tenía que ser  honrado conmigo mismo, para mi propia salvación, reconocí que yo era un bebedor problema (o alcoholico).
Aprendí cuál es la diferencia entre abstinencia y SOBRIEDAD. Yo tuve periodos de abstinencia. Dejar de beber por un tiempo más o menos largo, traicionando nuestros íntimos deseos  de beber. Comprendí lo torturantes que son esos periodos. Es dejar de beber  con una botella bailándole a  uno un danzón en la cabeza. Supe que, por el contrario, la SOBRIEDAD, en el peculiar idioma de A.A., es ese inefable estado de claridad mental, estabilidad emocional y goce íntimo, en que se está SIN BEBER. ¡Y se es feliz estándolo!
Aprendí que la enfermedad del alcoholismo es progresiva, traje a mi memoria recuerdos de mi pasado y me fue fácil comprenderlo. En mi actividad alcohólica hice cosas que, tiempo atrás, yo juzgaba inconcebibles. Aprendí que la enfermedad del alcoholismo es insidiosa. Recordé mi vida pasada y lo comprendí en  seguida. Cuántas veces me dije: “No voy a beber”, y cuando me vine a dar cuenta-tal es la insidia con que trabaja esta enfermedad- ya tenía el trago en los labios, contra mis planes trazados, contra mi decisión hecha, contra mis mejores intenciones, contra mi fuerza de voluntad.
Aprendí que la enfermedad del alcoholismo es incurable. Nunca un alcohólico como yo podrá volver a ser un bebedor social. Pero aprendí también que la enfermedad se puede mantener arrestada, y ser uno normalmente feliz, mientras se mantenga uno alejado de la primera copa. por que ratifique ahí lo que ya yo sospechaba- una es demasiado… ¡-Y MIL NO BASTA!
Aprendí que el pasado es un cheque  cancelado y no debe ser, como era, motivo de tortura y preocupación en el presente. Aprendí que por más poder que yo tuviera, no podría retroceder mi pasado para arreglarlo a mi modo de hoy.(Y. efectivamente, hoy para mí el pasado es un  cheque cancelado que llevo en mi cartera y que de vez en cuanto, lo miro en forma positiva, para mi salvación).
Aprendí que el futuro no debe preocuparme demasiado, puesto que yo no sé  si voy  a amanecer vivo mañana. En resumidas cuentas… Aprendí que yo no puedo secar mi ropa con el sol de ayer, porque ése ya se fue, y que no puedo secarla con el sol de mañana, porque ése no ha salido todavía.
Aprendí que, poniendo todo mi empeño, mi fortaleza, mi fe y mi esperanza en las VEINTICUATRO HORAS DE HOY… ¡HOY ESTARÉ  SOBRIO! : Ese plan sencillo de las veinticuatro horas fue para mí de ayuda vital.
Me entusiasmó ver que A.A. no es una liga de temperancia, ni una religión ni una entidad reformista. En A.A. Todo el mundo habla bien del ron, que es el lubrícate social por excelencia para quienes pueden tomarlo sin crearse problemas: como el azúcar que es buena a pasto pero no para aquellos que padecen diabetes. Comprendí la importancia (la necesidad) de asistir a las reuniones. Esa terapia grupal funciona. Para mí es como la estación de gasolina en la encrucijada del camino, en la cual lleno mi tanque de sobriedad; es el laboratorio de ensayo en la más franca y simpática camaradería, en el cual, a tono con un sencillo programa sugerido de Doce Pasos, voy tratando mejorar mi personalidad y mi vida, bregando con migo mismo y tratando de progresar en los renglones de la humanidad,  la comprensión, la tolerancia y el amor de los unos a los otros, porque A.A. no es solamente dejar de beber, es mucho, más. Es una nueva forma de vida. Es un empeño constante de acercamiento a un Poder Superior, tal como cada quien lo concibe.
Te agradezco infinitamente el tiempo que me regalaste este día.


domingo, 13 de julio de 2014

El aburrimiento

Tu vida está llena de repeticiones. Cada mañana te levantas prácticamente igual a como llevas haciéndolo toda la vida. Desayunas casi de la misma manera. Después, vas a la oficina; la misma oficina, la misma gente, el mismo trabajo.  Después vuelves a casa; la misma mujer, el mismo marido, la misma pareja. Es normal que te aburras. Te resulta muy difícil ver aquí alguna novedad; todo parece viejo, polvoriento.
Una vez escuche la siguiente anécdota:
Un día mientras estaba en su casa, la amante de un banquero oyó el timbre. Abrió la puerta, pero al darse cuenta de que quien llamaba era la mujer del banquero, intentó cerrar rápidamente.
La mujer se apoyó en la puerta y dijo:
-Déjame pasar: No tengo intención  de organizar ninguna escena, solo quiero que hablemos tranquilamente
La amante, muy nerviosa, la dejó pasar y le preguntó con recelo:
-¿Que quieres?
Ella contestó:
-Nada importante. Solo quería que me respondieras a una pregunta. Entre nosotras, ¿Qué le ves a ese estúpido
   
El mismo marido, al cabo de tantos días, se convierte en un estúpido; ver a la misma mujer, todos los días, hace que prácticamente olvide su aspecto. Si te dicen que cierres los ojos y que recuerdes el rostro de tu mujer, te resultará imposible recordarlo. Te vendrán muchas otras mujeres a la mente, todo el barrio, pero no tu mujer. La relación se ha convertido en una repetición continua. Haces el amor, abrazas a tu mujer, la besas, pero ahora todos estos gestos son vacíos. Hace mucho que desapareció el esplendor y el brillo.
El matrimonio se acaba prácticamente al mismo tiempo que termina la luna de miel; después finges. Pero detrás de esa falsedad, se acumula un profundo aburrimiento. Ves a la gente andando por la calle y ves que están completa mente aburridos. Todo el mundo está aburrido, como una ostra. Contempla su rostro: no tienen una aura de dicha, Contempla sus ojos: están apagados, sin ningún destello de felicidad interior.   Van de la oficina a casa,  de casa a la oficina  y, poco a poco, su vida  se convierte en una rutina mecánica, en una constante repetición. Y llega un día en el que mueren. La mayoría de la gente muere sin haber estado viva.
Se dice que Bertrand Russell confesó: “Si vuelvo la vista atrás, solo puedo  encontrar unos cuantos momentos en mi vida en los que estuve realmente vivo, ardiendo”. ¿Puedes recordar cuántos momentos de tu vida han sido realmente ardientes? Es algo que ocurre muy pocas veces. Soñamos con esos momentos, imaginamos  esos momentos, esperamos esos momentos, pero  casi nunca ocurren. Incluso aunque ocurran, tarde o temprano también se volverán repetitivos. Cuando  te enamoras de una mujer o un hombre te perece como si hubiera ocurrido un milagro, pero  poco a poco  el milagro desaparece y todo se convierte en una rutina.
El aburrimiento es la consciencia de la repetición. Los animales no pueden aburrirse porque no pueden recordar el pasado. No pueden recordarlo, así que no pueden sentir la repetición. El búfalo sigue comiendo la misma hierba todos los días con la misma alegría. Tú no puedes. ¿Cómo podrías comer la misma hierba todos los días con la misma alegría? Acabas hartándote.
De ahí que la gente intente cambiar. Cambian de casa, compran un coche nuevo, se divorcian del antiguo marido, tienen una aventura. Pero de nuevo, tarde o temprano, ese elemento nuevo se volverá repetitivo. Cambiar de lugar, cambiar de pareja, cambiar de casa, no servirá de nada.
  Cuando una sociedad se vuelve muy aburrida, la gente empieza a cambiar de una ciudad a otra, de un trabajo a otro, de una mujer a otra, pero tarde o temprano se dan cuenta de que es una tontería. Sucederá lo mismo con todas las mujeres, con todos los hombres, con todas las casas, con todos los coches.
Entonces ¿Qué se puede hacer? Ser más consiente. No se trata de cambiar de situación. Transforma, tu ser, sé más consciente. Si te vuelves mas consiente serás más capaz de ver que cada momento es nuevo. Pero para eso, hace falta mucho energía de consciencia.             


domingo, 6 de julio de 2014



Las costumbres tardan en cambiar

En la india hubo un gran místico, Eknath. En una ocasión, iba a emprender  una peregrinación  sagrada con todos sus discípulos. Era un viaje  que duraría tres a seis meses.
  Un hombre se le acercó, se postró a sus pies, y le dijo:
-Sé que no soy digno. Tú también lo sabes, todo el mundo lo sabe. Pero sé que tu compasión es mayor que mi indignidad.Por favor, acéptame a mí también como miembro del grupo que va a hacer la peregrinación.
 Eknath le respondió:
 Tu eres un ladrón, y no un ladrón común un maestro ladrón. Nunca te han cogido, aunque todo el mundo sabe que eres un ladrón. Sin duda, deseo admitirte, pero también tengo que pensar  en las otras cincuenta personas  que van conmigo: Tendrás que prometerme una cosa; es lo único que te pido: que durante los tres o seis meses que dure la peregrinación no robarás. Después dependerá de ti. Una vez que regreses a tu casa, quedaras libre de la promesa.
-Estoy totalmente dispuesto a prometerte eso, y te estoy inmensamente agradecido por tu compasión- aceptó el hombre.
Las otras cincuenta personas recelaban. Confiar en un ladrón…, pero no podían decirle nada a Eknath, él era el maestro.
La peregrinación comenzó  y desde la primera noche ya empezaron los problemas. A la mañana  siguiente hubo un gran caos: a uno le faltaba el abrigo, a otro le faltaba la camisa, a otro le había desaparecido el dinero. Todo  el mundo gritaba; ¨Donde está mi dinero?¨ y le recriminaban a Eknath ¨Desde el principio nos preocupó mucho que aceptaras a este hombre. Lleva haciendo lo mismo toda la vida¨-
 Sin embargo, empezaron a buscar y descubrieron que no les habían robado nada. A uno le faltaba el dinero, pero lo encontró en la bolsa  de otrapersona. A otro le faltaba el abrigo, pero  lo halló  en el equipaje  de otra persona. Lo encontraron todo, pero era una molestia; ¡ todas las mañanas ocurría lo mismo¡ Nadie  podía entender  qué  pasaba. No había  duda de que no lo hacia el ladrón, porque no desaparecía nada.
La tercera noche, Eknath se quedó despierto para averiguar qué pasaba. En mitad de la noche, el ladrón – víctima de la costumbre- se levantó y empezó a coger las cosas de un sitio y ponerlas en otro.
Eknath le paró y le pregunto.
-¿Que estás haciendo? ¿Has olvido la promesa que hiciste?
-No, no la he olvidado – respondió el ladrón -. No estoy robando nada, pero no he prometido que no fuera a cambiar las cosas de un sitio a otro. Dentro de seis meses volveré hacer ladrón, así que estoy practicando. Tú tienes que entenderlo, es una costumbre de toda la vida, no puedo abandonarla así como así. Dame un poco de tiempo. También tienes que entenderme a mí. Durante tres días no he robado nada, ¡Es como ayunar! Esto no es más que un sustitutivo,  me estoy distrayendo. Este es mi horario de trabajo, a mitad de la noche, así que me resulta muy difícil quedarme despierto tumbado en la cama. Además,  pensar que hay tantos ingenuos durmiendo a mi alrededor y yo sin robar a nadie…Por la mañana encontrarán sus cosas.
-Eres muy raro- le dijo Eknath-. Estas viendo que todas las mañanas hay una gran confusión,  y que desperdiciamos una o dos horas buscando dónde has puesto las cosa, en qué bolsa aparece lo de otra persona. Todo el mundo tiene que abrir la suya y preguntar a los demás:
¨¿De quién es esto?¨
El ladrón le contestó:
-Bueno, al menos tienes que permitirme eso.
Veintisiete años de personalidad falsa impuesta por las personas a las que has amado, a las que has respetado. Pero no pretendían intencionadamente hacerte daño; sus intenciones eran buenas, solo que lo hacían sin ninguna conciencia. No eran personas consientes: tus padres, tus maestros, tus sacerdotes, tus políticos no eran personas consientes, eran inconscientes. Sin embargo, hasta las buenas intenciones en manos de una persona inconsciente se vuelven venenosas.  osho