Continúa…
Desde lo más
profundo de nuestra biología, nace el gigante rojo, es decir, LA IRA. La ira gusta
de aliarse con otros gigantes. Cuando lo hace con la finalidad de
hacernos creer que lo que hacemos es lo correcto, según nuestro ¨Ego¨, nos da la intolerancia. Si lo hace con
el miedo nos da el pánico y los peores resultados, incluso la muerte. La ira es el resultado mental que se caracteriza por la agresividad en
cualquier forma, ya sea física (golpeando, matando), Verbal (insultando), moral
(despreciando, rebajando al próximo, etc.). De todas maneras, si queremos
causar daño a otro, estamos siendo manejados por el gigante rojo.
El estado de ira
produce un emponzoñamiento en el alma que nos permite vivir tranquilos y mucho
menos disfrutar de su salud mental. La persona que odia se destruye a si
misma porque no puede destruir a los
demás El odio es un veneno que va aniquilando el alma de quien lo posee. El
odio es la ira en conserva, algo que no se puedo descargar a golpes y lleva
alimentando constantemente la venganza.
Desde luego, esa
venganza a veces nunca llega a
consumarse y el daño mental está hecho en la persona vengativa. Y como
sustitución al hecho no consumado aparece ahora de los siguientes defectos de
carácter; sed de justicia (se torna líder deshacedor de entuertos), se hace
criticón, usa frases irónicas y murmura; su humorismo es burlón y se posesiona
de él la soberbia.
EL soberbio es
aquel que se ha visto privado de muchas gratificaciones. Se siente frustado y
por ello trata de demostrar a los demás
con actitudes hostiles, su ¨gran
importancia¨. Probablemente nunca triunfo en lo que él quiso; fue despreciado
en el amor y ahora es desdeñoso; o fue relegado a cargos de otra categoría a
los que aspiraba tener. La sociedad a la cual pertenece no le ha dado la
importancia que él cree poseer. Estas chispas avivan la llama del gigante rojo
y desencadena la conducta soberbia con que se conduce actúa.
El individuo es
cobarde, porque no se atreve a atacar físicamente a su adversario: usa la
amabilidad y otros recursos sociales; hiere con refinamiento; humilla a sus
adversarios con intelecto o poderío social. Y si es descubierto en sus aviesos
propósitos, se disculpa para cubrir el
miedo que lleva aliado a su ira, para golpear otro golpe con un arma
más fina e insospechada. No utiliza el golpe contundente que mata de una vez,
sino el veneno disfrazado en un verso, una sátira o una sonrisa, pero siempre
causa daño, porque hiere en el alma.
El odio va muy
lejos en lo que a destrucción personal se refiere, es tan grave que en él se
origina el resentimiento. El odio y sus diferentes formas
de reaccionar mantienen en el enfermo emocional el bacilo indispensable para contaminar la tranquilidad espiritual y
cuando éste llega al borde de la saturación, la situación se torna
insostenible.
continuara con el tercer gigante..
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