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Informe

CENTRO DE REHABILITACIÓN "SAN RAFAEL" Es una institución de servicio social, NO LUCRATIVO, creada con la responsabilidad de coadyuvar con las autoridades encargadas de cuidar la salud de nuestra sociedad; y dar atención al grave problema social que mutila y discapacita a cientos de de miles de personas de todas las edades y ambos sexos y es la causa de graves problemas en el entorno social y es considerada como la causa número uno de la DESINTEGRACIÓN FAMILIAR: LAS ADICCIONES EN GENERAL. Para cumplir con el objetivo o FIN SUPREMO aprovechamos los TRES LEGADOS del programa de ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS Y ADICTOS ANÓNIMOS cuyos principios de sanación y superación son de origen ESPIRITUAL.

miércoles, 18 de junio de 2014



 A la par  de los gigantes (IRA MIEDO), en lo más profundo de nuestra alma, hay otro hermano, tan poderoso como los primeros: ¨EL AMOR¨. Bajo su aspecto romántico y suave se esconde el mas inmenso poderío, Su decisión es definitiva, pues si se alía  el miedo y la ira con sus propósito destructivos, el infeliz individuo es dominado por las más bajas  pasiones.  
Pero si este rosado y lánguido gigante opina la contrario, es capaz de derrotar a sus dos hermanos y convertirlos en sus vasallos. En cuanto al amor se refiere, en el hombre y en la mujer pueden darse tres etapas:
     1.   Amor físico
     2.   Amor psíquico
     3.   Amor espiritual.
Según el grado de evolución que tenga el individuo, pueda estacionarse en cualquiera de estas etapas.
        El amor físico viene aparejado con la urgencia biológica  de satisfacer el instinto sexual. Nadie escapa a su biología y todos al llegar a determinada edad, tenemos  que cumplir esa necesidad física. Los animales tienen su época de celo y una vez que llenan su objetivo reproductor, quedan en receso un tiempo prudencial que lo marca el propio instinto. Pero el hombre, único animal de la creación dotado de inteligencia superior, abusa de ese poder reproductor al usarlo como fuente de placer constante. Usa la ¨Razón¨ para refinar ese placer y revolcarse en el fango de la pasión amorosa.
En esta condición el acto sexual normal carece de atractivo. Cuando se abusa de él se vuelve insípido. Al llegar a este punto inventa distintas maneras para procurarse  ese placer y aparecen  las perversiones sexuales  que se ven ilustradas con lujo de detalles en las revistas y novelas pornográficas. Esta literatura se vuelve por un tiempo su ilustración  más atractiva, tornándose en un monstruo antihigiénico de su poder reproductor. Su situación llega al hastío y sigue bajando en su búsqueda infructuosa  de placeres físicos,  cada vez más ¨refinados¨ hasta alcanzar la degeneración total. La persona anda a la ¨caza¨ de placeres físicos,  no se detiene más  que en el cuerpo de la persona ¨amada¨ y busca ¨lo mejor ¨ para sus exigencias sexuales, degeneradas y pervertidas.
        Cuando esta fuente le produce  tedio, busca otra, y otra en una cadena interminable. Para esta gente, el aspecto físico, bienestar económico y posición social no es lo más importante, lo que  hace y como lo hace  es lo más importante en su ¨vida¨ es su máxima moral.
        El amor psíquico, como todo amor, tiene que presentar bases físicas, pero ya lo físico no es lo preponderante. En él    entra el aspecto de la simpatía que puede despertar el objeto amoroso. Se llena de su presencia, se encanta haciendo feliz al ser amado con atractivos distintos, más allá de las ¨poses¨ sexuales. Ve en la mujer, si es varón, a quien puede ser compañera de su vida por quien es capaz de jurar  ¨amor eterno¨ mentalmente todo es bello. Encuentra en su sonrisa toda la alegría que un poeta encontraría en un amanecer a la orilla del mar. Y en los momentos de dolor es su consuelo, su principal bastón  para restablecerse  ya en el amor psíquico hay imaginación, hay romanticismo. La vida no pierde sentido porque el intelecto le da valor. La persona vale siempre  a pesar de sus defectos. Hay hasta cierto grado, comprensión y sinceridad. Sin embargo, el amor psíquico  puede disolverse cuando un torrente de pasiones inoportunas desemboca en el manantial que lo sostiene, en síntesis: el amor psíquico es emocional y está  teñido de tienta indeseable de nuestras preferencias individuales.
        El amor espiritual también necesita de objeto amoroso. No es algo que esté flotando en el aire o represente una imagen jamás conocida en vida por nosotros. En este tipo de amor superior se llega a la compresión total del objeto amado. Aquí salen sobrando el factor belleza física. Apreciamos con mayor excelsitud los valores  morales de la persona amada, sus cualidades intrínsecas. El amor espiritual es eterno. Damos cariño sin exigencias. Nos complacemos en compartir  nuestra felicidad sin recibir nada en pago. Abandonamos  el egoísmo  y nos damos  completamente, sin reticencias ni vacilaciones, aún en el caso de que llegara a desaparecer físicamente el ser amado, nuestro amor cresería ya más depurado sin la contaminación  de la  materia. Las distancias no significan peligro de quebrantamiento porque hay comunión  espiritual. Llega a adquirirse un compromiso moral, profundo, no obligatorio, que nada ni nadie  puede romper. El amor espiritual debe darse  desde todos los ángulos: la esposa, los padres, los hijos, los amigos, etc. Su acción es interna naturalmente. Sólo el hombre puede llegar a este tipo de amor, como una paradoja, solamente él puede descender a lo más bajo y elevarse hasta la divina influencia de Dios. Puede llegar a El,  el hombre  superior. Aquel que ha logrado sobreponerse a las pasiones y escapa como un héroe  de la ruindad de los excesos.
        El amor espiritual es superable. No termina con el orgasmo, o el prolongado beso lúbrico. Su encanto está en la perennidad.
Dichoso aquel anciano que no se siente insatisfecho, aun cuando su fuego sexual está apagado. Recuerdo allá lejos, los versos de Rubén Darío: ¨Todavía sale con el cabello gris, a contemplar las rosas del jardín.. ¨ Con lo escrito en las líneas anteriores podemos apreciar que el amor es poderoso. Es el rey  de los gigantes.

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