A la par de
los gigantes (IRA MIEDO), en lo más profundo de nuestra alma, hay otro
hermano, tan poderoso como los primeros: ¨EL AMOR¨. Bajo su aspecto romántico y
suave se esconde el mas inmenso poderío, Su decisión es definitiva, pues si se alía el miedo y la ira con sus propósito
destructivos, el infeliz individuo es dominado por las más
bajas pasiones.
Pero
si este rosado y lánguido gigante opina la contrario, es capaz de derrotar a sus
dos hermanos y convertirlos en sus vasallos. En cuanto al amor se refiere, en el
hombre y en la mujer pueden darse tres etapas:
1.
Amor físico
2.
Amor psíquico
3.
Amor espiritual.
Según el grado de
evolución que tenga el individuo, pueda estacionarse en cualquiera de estas etapas.
El amor físico viene aparejado con la urgencia
biológica de satisfacer el instinto
sexual. Nadie escapa a su biología y todos al llegar a determinada edad,
tenemos que cumplir esa necesidad
física. Los animales tienen su época de celo y una vez que llenan su objetivo reproductor,
quedan en receso un tiempo prudencial que lo marca el propio instinto. Pero el
hombre, único animal de la creación dotado de inteligencia superior, abusa de
ese poder reproductor al usarlo como fuente de placer constante. Usa la ¨Razón¨
para refinar ese placer y revolcarse en el fango de la pasión amorosa.
En
esta condición el acto sexual normal carece de atractivo. Cuando se abusa de él
se vuelve insípido. Al llegar a este punto inventa distintas maneras para
procurarse ese placer y aparecen las perversiones sexuales que se ven ilustradas con lujo de detalles en
las revistas y novelas pornográficas. Esta literatura se vuelve por un tiempo
su ilustración más atractiva, tornándose
en un monstruo antihigiénico de su poder reproductor. Su situación llega al
hastío y sigue bajando en su búsqueda infructuosa de placeres físicos, cada vez más ¨refinados¨ hasta alcanzar la
degeneración total. La persona anda a la ¨caza¨ de placeres físicos, no se detiene más que en el cuerpo de la persona ¨amada¨ y
busca ¨lo mejor ¨ para sus exigencias sexuales, degeneradas y pervertidas.
Cuando esta fuente le produce tedio, busca otra, y otra en una cadena
interminable. Para esta gente, el aspecto físico, bienestar económico y
posición social no es lo más importante, lo que
hace y como lo hace es lo más
importante en su ¨vida¨ es su máxima moral.
El amor psíquico, como todo amor, tiene
que presentar bases físicas, pero ya lo físico no es lo preponderante. En él entra el aspecto de la simpatía que puede
despertar el objeto amoroso. Se llena de su presencia, se encanta haciendo
feliz al ser amado con atractivos distintos, más allá de las ¨poses¨ sexuales. Ve en la mujer, si es varón, a quien puede ser compañera de su vida por quien
es capaz de jurar ¨amor eterno¨
mentalmente todo es bello. Encuentra en su sonrisa toda la alegría que un poeta
encontraría en un amanecer a la orilla del mar. Y en los momentos de dolor es
su consuelo, su principal bastón para
restablecerse ya en el amor psíquico hay
imaginación, hay romanticismo. La vida no pierde sentido porque el intelecto le
da valor. La persona vale siempre a
pesar de sus defectos. Hay hasta cierto grado, comprensión y sinceridad. Sin embargo, el amor psíquico puede disolverse cuando un torrente de pasiones inoportunas desemboca en el manantial que lo
sostiene, en síntesis: el amor psíquico es emocional y está teñido de tienta indeseable de nuestras
preferencias individuales.
El amor espiritual también necesita de
objeto amoroso. No es algo que esté flotando en el aire o represente una imagen
jamás conocida en vida por nosotros. En este tipo de amor superior se llega a la compresión total
del objeto amado. Aquí salen sobrando el factor belleza física. Apreciamos con
mayor excelsitud los valores morales de
la persona amada, sus cualidades intrínsecas. El amor espiritual es eterno.
Damos cariño sin exigencias. Nos complacemos en compartir nuestra felicidad sin recibir nada en pago.
Abandonamos el egoísmo y nos damos
completamente, sin reticencias ni vacilaciones, aún en el caso de que
llegara a desaparecer físicamente el ser amado, nuestro amor cresería ya más
depurado sin la contaminación de la materia. Las distancias no significan peligro
de quebrantamiento porque hay comunión
espiritual. Llega a adquirirse un compromiso moral, profundo, no
obligatorio, que nada ni nadie puede
romper. El amor espiritual debe darse
desde todos los ángulos: la esposa, los padres, los hijos, los amigos,
etc. Su acción es interna naturalmente. Sólo el hombre puede llegar a este tipo
de amor, como una paradoja, solamente él puede descender a lo más bajo y
elevarse hasta la divina influencia de Dios. Puede llegar a El, el hombre superior. Aquel que ha logrado sobreponerse a
las pasiones y escapa como un héroe de
la ruindad de los excesos.
El amor espiritual es superable. No
termina con el orgasmo, o el prolongado beso lúbrico. Su encanto está en la
perennidad.
Dichoso aquel anciano que no se siente insatisfecho,
aun cuando su fuego sexual está apagado. Recuerdo allá lejos, los versos de
Rubén Darío: ¨Todavía sale con el cabello gris, a contemplar las rosas del
jardín.. ¨ Con lo escrito en las líneas anteriores podemos apreciar que el amor es
poderoso. Es el rey de los gigantes.
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